Clara Aurora y la virtud de crecerse

Santiago de Cuba, 7 de nov.- Los programas de desarrollo para integrar a las personas con discapacidad son hoy realmente fabulosos y colocan a Cuba a la vanguardia del mundo en el campo del respeto a los derechos humanos, ejemplos para demostrarlo abundan en la geografía santiaguera.

Clara Aurora Hechavarría Hardy bien puede representar a quienes han sabido crecerse ante la adversidad y vencer escollos. En su caso tiene hasta su filosofía de la vida: La oportunidad única de ser útil, de hacer el bien, amar, trabajar creadoramente y tratar de dejar una huella.

Siempre aflora en sus labios una sonrisa, cual coraza salvadora, y cuando se abunda en su fructífera existencia se descubren los motivos que la convierten en una mujer feliz.

La secuela de poliomielitis que le afectó desde niña no pudo postrarla sobre una silla de ruedas, porque Clara Aurora es la voluntad en persona para aceptar ese destino, después de graduarse en 1981 de técnico de nivel medio en Estadísticas,  perseverante al fin, continuó  forjando sueños.

Rememora que al principio tuvo inconvenientes para trabajar, le ponían algunas trabas, tal vez para protegerla, pero luego la situación cambió, hubo conciencia de la necesidad de que ese segmento de la población aportara a la sociedad.

Ella no se desalentó ante el primer escollo laboral y empezó a estudiar Derecho en la Universidad de Oriente, con el apoyo de la institución y de su madre, Luisa Zoe Hardy, pero al enfermarse esta, tuvo que postergar su sueño de ser jurista, ya que en aquel instante no sabía valerse por sí sola.

Esta sorprendente mujer siempre ha valorado más la luz que ofrecen las manos prestas a la ayuda, al cariño y los afectos; entonces solo piensa en luchar para transformar mentalidades y disfrutar la generosidad de la Revolución.

Gracias al deporte logró la rehabilitación e independencia que hoy goza, se entregó con tanto ímpetu en 1985 en la disciplina de medio fondo en mil 500 y mil 800 metros planos, que pronto llegaron los premios en las competencias.

Subcampeona panamericana, en Puerto Rico 1986; medalla de plata ganada en mil 500 metros planos y la de bronce en 800, y el quinto lugar en 1990 en un evento en Venezuela. Al pasar a la velocidad en 100, 200 y 400 metros, alcanzó lauros como multicampeona nacional e implantó récord en esos eventos y a nivel internacional rompió marcas como atleta de calibre.

Su desempeño lo testimonian 55 medallas, y otros premios que antecedieron a una misión que la enalteció: la atención a atletas discapacitados de alto rendimiento en la dirección de Deportes en Santiago de Cuba.

Un capítulo trascedente en su vida lo reserva para la Asociación Cubana de Limitados Físico-Motores (ACLIFIM), de la cual pondera la atención, inclusión y oportunidades que disfruta en Cuba, acrecentadas por las acciones de la organización social.

Recuerda que durante el I Congreso de la ACLIFIM, al que asistió como delegada, tuvo una experiencia maravillosa al estrechar las manos de Fidel, gesto con el que pudo expresarle agradecimiento por cuanto hacía por el pueblo cubano y, sobre todo, por las personas con discapacidad como ella.

Clara Aurora es un buen ejemplo de quienes aprovechan todas las posibilidades al ser  deportista de alto rendimiento durante 20 años, estudiante de Derecho, trabajadora, dirigente en el municipio de Santiago de Cuba y madre del joven Joan Manuel, su alegría, la medalla olímpica que no pude ganar, confiesa.

 Destaca que la organización cumple con la misión de insertar a personas con discapacidad físico-motora en acciones socialmente útiles, para el acceso al empleo, la cultura, el deporte y la recreación, con el fin de brindar oportunidades y elevar su calidad de vida.

Señala las barreras arquitectónicas como una de las principales dificultades que los limitan en sus aspiraciones, que son un obstáculo real para acceder a la vida socioeconómica ante una geografía tan irregular como Santiago de Cuba, pero reconoce que ese no es el espíritu y la voluntad del Estado que ha hecho esfuerzos en tal sentido.

  Así piensa, así actúa, así se descubre a esta santiaguera de sonrisa franca, madre tierna,  revolucionaria apasionada y perseverante, muestra de que su discapacidad no la hace diferente y que la sociedad la tiene en cuenta.

Por: Aída Quintero Dip

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