¿Cómo somos los santiagueros?

Santiago de Cuba, 18 de mar.- Pido permiso por la osadía de intentar responder tamaña pregunta. He buscado, rebuscado y solo he hallado respuestas parciales, algunas de las cuales privilegian los atributos físicos y sus expresiones; prefiero insistir en valores que caracterizan a la mayoría de los santiagueros como el patriotismo, la solidaridad, la franqueza, la hospitalidad y la tendencia a ejercer el criterio sobre los asuntos más disimiles.

No es difícil identificar a un santiaguero independiente de la latitud, en Cuba o en el exterior. Sobre este tema no pretendo ser exhaustivo, cedo esa perspectiva a los especialistas, a los sicólogos y sociólogos, pero creo que hay manifestaciones del ser santiaguero susceptibles  de reconocer fuera de cualquier concepción regionalista, porque si hay una definición incontestable es que los santiagueros somos, en principio, cubanos y actuamos como tales.

Somos patrióticos, los ejemplos menudean,  desde la participación de los orientales en las guerras por independizarse del colonialismo español, cuyo paradigma es Antonio Maceo, aunque hubo otros patriotas de la región que desbrozaron el camino, que nos enseñaron a ser lo que somos, como Frank País, otro paradigma más contemporáneo; hasta las santiagueras que tanto  aportaron al  triunfo de la Revolución el 1 de enero de 1959. Y están los santiagueros de hoy, los continuadores.

Hospitalidad y solidaridad son palabras que definen a Santiago, la Ciudad Héroe de la República de Cuba. Cuántos santiagueros brindaron y brindan su apoyo a otros países; cuántos incluso perdieron su vida en el empeño y cuántos hay que  ahora, cuando suenan los tambores de la guerra contra Venezuela, están dispuestos a compartir riesgos con sus hermanos venezolanos.

Somos abiertos y amigables, en cuestión de minutos conseguimos nuevas amistades, charlamos con personas acabadas de conocer y hasta hacemos confesiones; somos fáciles para el diálogo y a veces aderezamos las pláticas con un humor que se despabila  en los sitios menos adecuados, hasta en la funeraria: así somos.

La capacidad rítmica del santiaguero es proverbial, desde la forma cantarina de hablar, el modo desenfadado de caminar, hasta las habilidades para bailar las cuales no deben sorprender a nadie porque Santiago es la cuna  de varios ritmos populares y cuenta con músicos tan prominentes y sencillos  que muchos quisieran ser como Ricardo Leyva o Eliades Ochoa, palabras  mayores del alborozo.

En este asunto de la alegría y el desenfado las mujeres van delante y no solo las féminas de cuerpos prominentes, esas que constituyen un peligro para el tráfico y para los cuellos de los hombres que no saben hacia donde virarse; sino las mujeres como totalidad, como género que nos hace sentirnos orgullosos de estar vivos.

Una anécdota para cerrar este trabajo que se alarga y el periodismo es síntesis. Un vecino que dio un traspié y fue a dar a la prisión, se recompuso y hoy sobresale por su disposición para ayudar  a los otros y por su capacidad para meterse con todo el mundo, preferiblemente con las damas, sin ofender. Una muchacha que transita habitualmente por nuestra calle, gusta de mover generosamente sus caderas.

-Mírenla, dice mi vecino, tanto movimiento pero no tiene patio trasero.

-No tengo patio trasero, pero tengo tremendo portal, dice la muchacha, y se pone  las manos donde ustedes saben.

Pero somos también laboriosos, tenaces, nos gustan las tareas difíciles y solemos opinar de cualquier cosa o la opuesta, de esas y otras virtudes, que son muchas y de los defectos que también son nuestros, hablaremos en nuestros próximos trabajos.

Por Osmar Álvarez Clavel

Deja una respuesta