Comunicación en crisis y Relaciones Públicas

Santiago de Cuba, 28 de may. – Vivimos dentro de una crisis global, no hay que ser científico para comprobarlo: sus manifestaciones son evidentes. Basta con realizar un ejercicio comunicativo muy simple: ver el noticiero de televisión o repasar las páginas internacionales de los periódicos nacionales para corroborar que la muy severamente cuestionada política internacional es una afrenta encubierta por los grandes medios de comunicación, sus aliados, y cuya tendencia a la manipulación ha pulverizado la credibilidad que en algún momento tuvieron.

La crisis política, una de cuyas expresiones son las guerras y los atentados terroristas o la combinación de ambos, agudiza la inestabilidad económica que se ha vuelto permanente en un contexto donde las viejas fallas del capitalismo se profundizan, donde crece la desigual distribución de las riquezas y se acentúan prácticas como la violencia social, la drogadicción, las migraciones y la corrupción. Y aunque Cuba tiene una situación diferente, está interconectada con el mundo.

Entonces; ¿Si vivimos en crisis, tiene algún sentido hablar de comunicación en crisis en el entorno nacional? Creo que sí. Lo primero consiste en tener conciencia de los riesgos internos y externos y de  las causas que pueden provocar desajustes para intentar evitarlos y si son inevitables, disminuir sus efectos, mitigarlos y aquí está el papel del comunicador social, en especial del relacionadopúblico, comotraté de demostrar en un curso que acabamos de ofrecer en la Universidad de Oriente.

Corresponde al comunicador contribuir a que su organización identifique los factores que pueden conducirla a una situación crítica, rastrear los elementos riesgosos vengan de la realidad internacional o de nuestras ineficiencias o de la conjugación de ambos problemas. Entre las causas de las crisis pueden señalarse la carencia de materias primas y productos, los problemas medioambientales evitables, los cambios bruscos en el objeto social de la entidad o el ineficiente desempeño de personas e instituciones que alimenta fenómenos tan negativos como la corrupción.

Desde hace años el país insiste en que las organizaciones deben estudiar el entorno y detectar riesgos potenciales y a partir del diagnóstico y el análisis de su situación interna, elaborar el Plan de riesgos, que es parte del control interno. También están los planes para situaciones excepcionales que se ejecutan cuando suceden fenómenosadversos como los huracanes y cuya aplicación ha contribuido decisivamente a disminuir los daños a la población.

En la elaboración de los planes de riesgo los comunicadores pueden ayudar. Tienen que recordarle a la administración un viejo adagio de las Relaciones Públicas: no planificar es planificar un fracaso y aunque la tarea de reconocer probables disfunciones es ardua, vale la pena emprenderla como fórmula para evitar crisis o al menos disminuir sus efectos, incluso si las catástrofes provienen de la rebelión de la naturaleza: si no prevemos las acciones para afrontar calamidades sus efectos serán mayores; eso lo dice la vida.

No es prudente esperar a que se produzca una desgracia para decir quéhacer: la Comunicación Social como la Medicina es preventiva. Debe prever sin escepticismos, con prudencia,  desarrollar estrategias proactivas encauzadas a afrontar las crisis que se produzcan por las razones que sean. Por eso destacamos el papel de la comunicación antes y cuando inevitablemente ocurran estas disfunciones que llamamos crisis.

Al comunicador corresponde la tarea de elaborar el Manual de riesgos, documento que explica la planificación para momentos críticos y que algunos asumen como un papel másaún cuando su importancia es reconocida en los más diversos contextos y que puede  asegurar o acabar con la vida su organización y con la del mismo irresponsable descreído.

Deja una respuesta