Comunicación organizacional y sentido común

Santiago de Cuba, 10 de feb.-En varias de sus intervencionesmás recientes el Presidente Cubano, Miguel Diaz-Canel Bermúdez, insiste en la necesidad de poner  las ciencias al servicio de la solución de los múltiples problemas que el país se empeña en resolver; en aprovechar con mayor intensidad y eficiencia el talento científico desarrollado por la Revolución, del cual hay muestras suficientes  en Cuba y el exterior.

Pero, existe la tendencia a limitar la consideración anterior a las ciencias aplicadas a la producción: la Matemática, la Física, la Biotecnología, la Economía, para citar algunas. Este razonamiento obedece a una lógica: hacemos ciencia para mejorar lo que somos y los resultados más visibles son los que están conectados directamente con la producción.

Llamo la atención sobre el tema porque la médula del asunto consiste en apoyarse en los resultados de todas las ciencias sin excepción, incluidas  las disciplinas pertenecientes a la Comunicación Social, a las cuales nos referimos ahora, no porque sean las más importantes, sino porque son las que  conocemos; por eso en este artículo  nos circunscribimos a la Comunicación Organizacional o Institucional, especialmente a su comportamiento en el ámbito empresarial santiaguero.

Permítanme glosar algunos criterios propuestos por Irene Trelles, abanderada de la Comunicación Organizacional, disciplina que desde los años 90 del siglo pasado ha avanzado bastante y concita la atención  de varios investigadores cubanos en escenarios tan diferentes como universidades y  empresas preocupadas por el desarrollo de la comunicación en nuestro contexto.

Los estudios sobre la Comunicación Organizacional contribuyen a crear conciencia sobre un problema que algunas empresas califican como menor o simplemente lo ignoran; dichas organizaciones consideran que, como la comunicación es un hecho natural , pues las personas necesariamente tiene que comunicarse, no tiene sentido invertir tiempo y dinero en un problema que existe con independencia de lo que hagamos.

La testaruda realidad opina lo contrario. La vida dice que la comunicación se organiza, se investiga, se planifica y se controla: las organizaciones de éxito refrendan este modo de asumir el asunto. En el mundo empresarial moderno no se concibe una empresa que no conozca profundamente sus públicos internos, sus trabajadores, y externos, sus clientes; que no disponga de un programa de comunicación solvente no para mostrárselo a los visitantes sino para utilizarlo como un indumento de trabajo.

Es cierto que la Comunicación Organizacional no produce ningún producto tangible, pero como actúa en todos los procesos de la organización, contribuye al desarrollo de la empresa, a su supervivencia, a su reputación, en una palabra a su éxito en la producción o los servicios.

Como señala Irene Trelles, la Comunicación Organizacional centra su atención en el análisis, el diagnóstico y el perfeccionamiento de los procesos comunicativos en las organizaciones  para mejorar la interrelación entre sus miembros y entre estos y el público externo, para fortalecer la identidad y optimizar  el desempeño de las entidades.

La Comunicación Organizacional contribuye a eliminar el espontaneismo y la descoordinación existente en muchas de nuestras organizaciones, logra la cohesión en el trabajo entre las diferentes partes y procesos de la empresa, garantiza lo que los especialistas denominan como la sinergia. Por todo ello para nuestros empresarios organizar la comunicación, hacerla más horizontal, más participativa, es una tarea mayor.

Hace dos décadas era difícil hablar en estos términos, pero hoy podemos aseverarlo: ignorar el valor de la Comunicación Organizacional como disciplina comunicativa, desaprovechar el capital humano que nosotros mismos formamos, no constituye una deficiencia, sino una falta de  lógica y actuar de ese modo solo sirve para darle la razón al famoso poeta que acuñó una frase tremenda: el sentido común es el menos común de los sentidos.

Por Osmar Álvarez Clavel.

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