Contingente Henry Reeve: el aliento de Fidel

Fidel fue un ser extraordinario, dotado de una exquisita sensibilidad, se dio a la vida solo para hacer el bien, sin importarle beneficios personales, riesgos ni peligros; merece el más grande de los monumentos en el corazón de la humanidad, para retribuirle tanta devoción y entrega por obrar con el único interés de construir un mundo mejor para todos.

Como expresión de su sentido del valor y la urgencia de la cooperación y la solidaridad en el campo de la salud, se inscribe la creación por idea suya de la Escuela Latinoamericana de Medicina, en 1999, para contribuir a la formación de profesionales de países hermanos, con énfasis en los de mayor precaridad sanitaria y con necesidad de personal calificado en esa área geográfica.

Sobran los ejemplos del espíritu solidario de los hombres y mujeres de esta nación vinculados a esa rama, quienes han socorrido, sin pedir nada a cambio y cumpliendo sencillamente el deber de salvar vidas, el más sagrado de los derechos humanos; a hermanos desprovistos en este planeta ante intensas lluvias, huracanes, terremotos, epidemias…

En ese camino representa un símbolo de amor y esperanza por la vida la constitución el 19 de septiembre de 2005 del contingente internacional Henry Reeve, especializado en situaciones de desastres y graves epidemias, para ayudar a naciones necesitadas y que sus gobiernos soliciten ese noble concurso de los profesionales de batas blancas de la isla caribeña.

Fundado por el invicto líder con el propósito de asistir a los damnificados por el huracán Katrina, en los Estados Unidos, misión inconclusa por la negativa del gobierno de ese país para recibir esa ayuda; ese hecho es un hito en la historia de la humanidad.

Inspirados en su Comandante en Jefe, de proeza en proeza han ido estos valientes tejiendo una epopeya de altruismo y desinterés por los rincones más lejanos e inhóspitos del mundo donde han extendido su noble servicio, con el aliento de Fidel, cumpliendo su legado y rindiéndole el más sublime de los honores por tierras de Asia, África, Europa, América Latina y El Caribe.

De esa inspiración imperecedera se nutrieron los miembros de ese contingente que combatieron el Ébola en África, y los que han integrado las brigadas que han socorrido, al riesgo de su propia vida, a personas de numerosas naciones en lucha sin tregua ante la pandemia por la Covid-19, enfermedad muy contagiosa y letal que apareció a finales del 2019 y tiene aún en vilo a la humanidad.

Ahora mismo pudieran hablar de esa cruzada por la vida, tanto sanadores como pacientes salvados de la lejana Italia, adonde nunca antes habían llegado misiones médicas cubanas; del México querido que un día le dio la mano a los futuros expedicionarios que pretendían liberar a Cuba; del Caribe que nos une o del África entrañable de donde vinieron siglos atrás nuestros ancestros.

Pudieran testimoniar también muchas organizaciones y personalidades del mundo que abogan porque se le otorgue merecidamente a la «Henry Reeve» el Premio Nobel de la Paz, indicativo de que el pensamiento de Fidel está latente en estos héroes de la salud y la vida, fieles continuadores de la obra colosal que él encabezó en la Patria para forjar una Revolución que coloca al ser humano en el centro de sus prioridades.

Paz, amor y vida es lo que esta pequeña isla caribeña ha esparcido a manos llenas por el mundo, en el afán nacido de la nobleza de los corazones de sus hijos e hijas por servir a los demás, quienes tributan honor al principio aprendido del Héroe Nacional José Martí y defendido por el Comandante en Jefe de la Revolución cubana, de que Patria es Humanidad.

Como martianos y fidelistas leales han reverenciado con su generoso gesto al célebre y universal patriota que, anticipado como siempre a épocas, fenómenos y prácticas, había expresado o -mejor- había enseñado: “No desearlo todo para sí, quitarse algo de sí para que toque igual parte a todos, es valor que parece heroico”.

Infinidad de ejemplos confirman que en cada hito, cada hecho y cada logro de la medicina cubana están las manos, la inteligencia y el corazón de Fidel, su principal artífice y apasionado bienhechor; un empeño al que se entregó, desde el triunfo de la Revolución, con espíritu innovador y previsor en pos de crear un servicio médico gratuito, inclusivo y de calidad como principales fortalezas.

Gracias a ese inspirador y a esos cimientos el contingente internacional Henry Reeve puede exhibir hoy una página hermosa a favor de la vida, dejando huellas y una estela de agradecimiento y cariño por cada pedacito auxiliado, y es que llevan en el corazón las doctrinas de Fidel, el mismo que el 26 de julio de 1953 llevó las doctrinas de Maestro Martí para asaltar el cielo y salvar a la Patria.

Deja una respuesta