Covid-19 y dengue: los retos de nuestra normalidad

La noticia no es alentadora: Santiago de Cuba podría estar a las puertas de dos epidemias si prevenir el dengue y la Covid-19 no se convierte en una prioridad a nivel personal.

Y el asunto es más serio de lo que parece, pues se trata de dos patologías de rápida transmisión y alta morbilidad, por no mencionar la probabilidad de muerte que implica la infección por SARS-Cov-2 para personas afectadas por enfermedades crónicas no transmisibles.

En pocos días ha crecido el número de contagios por coronavirus. Hasta el cierre de esta edición, 57 personas han sido diagnosticadas en los municipios de Santiago de Cuba, Songo-La Maya, Palma Soriano y Contramaestre, con 17 controles de focos y dos áreas en cuarentena.

La provincia se enfrenta a una transmisión autóctona limitada, pero además, tiene otro serio problema de salud: la incidencia del dengue en varios puntos de la geografía santiaguera.
Si bien en este año esa arbovirosis no ha tenido un comportamiento epidémico, como ocurrió -por ejemplo- en 2019, la proliferación del mosquito en los últimos meses ha incrementado el movimiento de casos en la Ciudad Héroe, Palma, Mella y Contramaestre.

En entrevista con Sierra Maestra, Alfredo Cintra Guerra, responsable de Vigilancia y lucha antivectorial en el territorio, explicó que a pesar de discretos avances en la reducción de la tasa de incidencia de dengue y en la reactividad de los monosueros aplicados, la provincia sigue teniendo un elevado índice de infestación del vector y por tanto, es más probable que ocurran eventos de transmisión de esta enfermedad.

Palma Soriano es el territorio más afectado con tres áreas de Salud comprometidas (Victoria de Girón, Docente Norte y Carlos Montalván). Mientras que en el municipio cabecera continúan registrándose casos de dengue en las comunidades pertenecientes a los policlínicos José Martí, Frank País, Josué País y 30 de Noviembre.

Las demarcaciones de Baraguá (Mella) y El Cobre (Santiago de Cuba), que en semanas anteriores mostraron un incremento notable de casos febriles, reactivos y una infestación considerable del mosquito, presentan una tendencia al control del vector y la disminución progresiva de atenciones médicas diarias por síntomas sugestivos de arbovirosis.

El hecho es que el contexto actual impone asumir la prevención de estas afecciones como una cuestión de supervivencia. La circulación del virus del dengue (DEN 2) y del SARS-Cov-2 tiene una repercusión muy desfavorable en el bienestar de la población, en el sistema de Salud y en la economía local y nacional.

Las autoridades sanitarias han advertido en varias ocasiones de los riesgos que entraña la concomitancia de ambas enfermedades; pero, además, la presencia del coronavirus en una comunidad -como está ocurriendo ahora en Altamira- implica la suspensión de las acciones de control entomológico que se requieren para reducir la infestación del Aedes aegypti y para prevenir el dengue.

El panorama es difícil, pues el consejo popular que hoy es epicentro del brote de Covid-19, se caracteriza por tener muchos microbasurales, áreas enyerbadas, salideros, vertimientos de aguas albañales y una población en la que prima la baja percepción de riesgo, condiciones estas que han favorecido la proliferación del mosquito y la transmisión de diferentes arbovirosis (dengue, zika y chikungunya) en años anteriores.

Más allá de las informaciones que ofrecen las autoridades sanitarias y del accionar oportuno del Estado para contener el serio problema de Salud al que estamos expuestos, lo que puede marcar la diferencia entre enfermar y estar saludables es el cumplimiento de las medidas higiénico-sanitarias para evitar que el mosquito habite en nuestro entorno y que el coronavirus nos infecte.

Pecar de ingenuos y creer “a mí no me tocará” es, cuando menos, un acto de estupidez. La nueva normalidad, más que un concepto, es aprender a vivir con la probabilidad incrementada de contraer un padecimiento altamente peligroso y con la capacidad de contagiar rápidamente a un gran número de personas. Por eso se habla de un nuevo código de vida en el que utilizar adecuadamente la mascarilla, lavar y desinfectar manos y superficies, y mantener distancia respecto a los demás son medidas fundamentales para sobrevivir.

Tenemos que ser vigilantes de la salud en casa, en el trabajo y en la comunidad. Se trata de exigir a los miembros de la familia, a los colegas e incluso a los vecinos que acaten las indicaciones de restricción de movilidad si han arribado al país o provienen de otras provincias con circulación del SARS-Cov-2.

No visitar a los viajeros que están bajo vigilancia médica, exigir el uso del nasobuco cuando corresponda; ofrecer información veraz en las pesquisas, no realizar visitas ni presentarse en centros escolares o laborales cuando se tiene gripe y acudir al médico ante síntomas de enfermedad, son acciones vitales en esta etapa.

Al nuevo código de vida hay que sumar la prevención de arbovirosis. La revisión de los inmuebles para eliminar posibles criaderos del mosquito, el saneamiento de patios, azoteas y alrededores de las viviendas y la colaboración de los moradores con las acciones de lucha antivectorial también forman parte del autocuidado y la responsabilidad que exige la nueva normalidad

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