Crónica de amor a mi encantadora ciudad

Santiago de Cuba, 26 de dic. – Hoy le entrego esta crónica de amor a mi encantadora ciudad de Santiago de Cuba, la que me hechizó desde el primer instante, por su belleza arquitectónica, valores históricos y patrimoniales que armonizan con sus aires de modernidad pero, especialmente, por la idiosincrasia de su gente generosa, noble, valiente y franca.

Esa misma gente que está consciente de que vivir en una urbe, además de legendaria, limpia, ordenada, higiénica, disciplinada y hermosa es un placer enorme que todos nos podemos regalar todos los días, para hacer mucho más edificante nuestra existencia.

Mucho más en una tierra rebelde y brava, de tan rico acervo histórico que ha tenido un protagonismo singular en el acontecer de la nación como Santiago de Cuba, donde debe reinar la pulcritud como valor agregado de primer orden.

Las ciudades también se engrandecen cuando, además de limpia, son sanas de espíritu y predomina en sus pobladores las normas de cortesía, los buenos modales y la decencia, un atributo enseñado por padres y abuelos y que debe rescatar su brillo en la sociedad de hoy.

Ya lo anticipó desde pasados centurias siglos el siempre vigente José Martí: “(…) una ciudad es culpable mientras no es toda ella una escuela” y “(…) la vida sin cortesía es más amarga que la cuasia y que la retama (…)”.

No es posible permanecer indiferentes antes quienes no cuidan el ornato público ni sus monumentos y parques, y echan basuras en las calles y en sitios inadecuados, convirtiéndose en cómplices de la fealdad, de la falta de higiene y de las indisciplinas sociales.

Los que la habitamos, quienes la amamos como la casa grande con un sempiterno sentido de pertenencia, debemos sentir orgullo de la gloria que esta ciudad y su gente han ofrendado al país, y en ese mismo sentido ser consecuentes con el esfuerzo estatal por mantenerla tan ordenada y pulcra como heroica y hospitalaria.

Santiago de Cuba ha recibido muchos elogios, pero siempre evoco aquellos de personas que la han hecho crecer con su trabajo y su talento como Wilkie Delgado Correa, Doctor en Ciencias Médicas, Profesor Titular y Consultante, Profesor de Mérito de la facultad de Estomatología de la Universidad de Ciencias Médicas; escritor, periodista, hombre de pensamiento profundo y probada militancia:

“Santiago es, además de tierra y humanidad especiales de cubanía, un aliento y un espíritu de rebeldía indomable que irrumpe cuando es necesario para jalonar de heroísmo y epopeya la historia patria, mientras cotidianamente vive su vida con la filosofía de crear de la nada, lo poco o lo mucho, las razones para construir e inventar una felicidad compartida con todos los compatriotas y con otros pueblos”.

Asimismo Eloína Miyares Bermúdez, ya fallecida, eminente pedagoga e investigadora del Centro de Lingüística Aplicada, una vida consagrada a elevar la cultura del idioma; Doctora Honoris Causa de la Universidad de Oriente, merecedora del Escudo de la Ciudad, y como para resumir una existencia al servicio del pueblo condecorada con el Título Honorífico de Heroína del Trabajo de la República de Cuba:

“Santiago de Cuba es para mí la vida. He viajado, pero estar en mi tierra natal es lo que más deseos de vivir y de realizarme me aportan. Adoro todo cuanto tenga que ver con Santiago: su paisaje, los niños, los peloteros, los artistas, su historia extraordinaria, y nuestro pueblo con su carácter, su alegría y  personal comunicabilidad. Me estimula ser santiaguera, vivir, crear aquí, y las muestras de cariño que he recibido como reconocimiento a mi obra”.

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