Agramonte, Bayardo y Mayor

Licenciado en derecho canónigo Ignacio Agramonte y Loynáz, probado patriota, militar y político establece su despacho en la ciudad de Puerto Príncipe.

Ese mismo año se casaba con el amor idolatrado de su existencia, la señorita Amalia Simoni y es también ese venturoso año en el que se reúne con otros representantes de la zona oriental y de su natal Camagüey, para decidir el inicio la sublevación contra España para el 3 de septiembre, si embargo por diferentes razones es aplazado el alzamiento para efectuarlo finalmente, con el grito de la Demajagua, el 10 de octubre de1868.

Con la revolución en marcha, Agramonte hace su definitiva incorporación a la lucha el 11 de noviembre de 1868, en el ingenio “El Oriente”, cerca de Sibanicú.

Con extraordinario altruismo entrega todos sus recursos a la causa de Cuba hasta su propia familia sufre las consecuencias de su acto patriótico, pues dos años después de su alzamiento, su esposa, su hijo y otros parientes son detenidos por las fuerzas españolas y obligados a migrar de Cuba para México y radicar en Mérida, Yucatán, sin que el mayor de la guerra de independencia volviera a verlos.

Fue Ignacio Agramonte rancio y convencido independentista, fue el lider que desde el principio rechazó, desde el principio, cualquier entendimiento con España.

En sus expresiones se muestra tal afirmación:

“Cuba, no tiene más camino que conquistar su redención arrancándosela a España por la fuerza de las armas”.

Disuelta la Junta Revolucionaria de Camagüey se instituye el Comité Revolucionario, génesis de la Asamblea de Representantes del Centro, donde Ignacio Agramonte ocupaba lugar destacado destacándose su postura abolicionista al firmar el Decreto con fecha de 26 de febrero de 1869 con el cual los insurgentes Cubanos abolían tan degradante práctica.

El 10 de abril de 1869, se reúne con la generalidad de los jefes de las distintas fuerzas insurrectas en una asamblea en la que se elaboraría una muy necesaria Constitución para la Cuba revolucionaria; el lugar escogido fue Guáimaro y Agramonte sería uno de los principales redactores del texto constitucional.

Ahora convertido ya en ejemplo y figura respetada en la guerra contra España fue elegido mayor general del Ejército Libertador y jefe de la División de Camagüey, el 26 de abril de 1869. Convencido que sin una severa disciplina y una resuelta voluntad de sacrificio era impensable la victoria, logra la unión de sus tropas alrededor del desarrollo militar donde se constituyen los primeros talleres para elaboración de pertrechos de guerra, nuevos campamentos y escuelas de aprendizaje académico para su tropa y familia.

Es por ello que la División de Camagüey gozó de gran prestigio entre los insurrectos. Algunas desavenencias con los mandos de la insurrección, sobre todo con Céspedes le indujeron a renunciar a la jefatura militar de Camagüey. Sin embargo a pesar de todo, había seguido hostigando a los españoles.

Entre sus mayores hazañas de combate estaría el rescate de Julio Sanguily, en octubre de 1871, que había caído en manos de los españoles para muchos una de las más grandes proezas que se escribieron en las luchas por la independencia.

Finalmente las diferencias entre los mas encumbrados jefes fueron salvadas y en mayo de 1872 se asignó al Mayor Agramonte el mando de Las Villas, además del de Camagüey. Es Ignacio Agramonte quien propuso al gobierno cubano en enero de 1873 la invasión de Las Villas para llevar la guerra hacia Occidente pero no contó con las fuerzas suficientes, ni con el respaldo político de los directivos de la guerra.

Muy preocupados los Españoles con el prestigio del caudillo Cubano, arman una columna bajo el mando del entonces brigadier Weyler y el 11 de mayo de aquel año, en Jimaguayú con el factor sorpresa a favor de los Españoles se formula el combate y caé Agramonte, bajo una lluvia de balas enemigas.

La muerte de Agramonte, Bayardo y Mayor fue un duro golpe la las fuerxzas cubanas, de el inmenso Ignacio Agramonte José Martí diría:

“Era como si por donde los hombres tienen corazón tuviera él estrella”…. “De Céspedes, el ímpetu, y de Agramonte, la virtud”.

Escrito por Santiago Carnago

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