El Paganini cubano

Fue una notable noche de viernes. Corrían los finales el año 1863, el Liceo de la Habana pocas veces se había visto cubierto en su totalidad, como aquel 18 de diciembre. Los amantes de la buena música se mostraban ansiosos por aquel anunciado concierto que de forma singular presentaría a Claudio José Brindis de Salas, el que por muchos se había ya considerado como un prodigio en la música.

Se abren los telones y en medio de incesantes aplausos penetra en el escenario el afamado violinista belga, Joseph Vander Gutch, de inmediato otra salva de aplausos anuncia la entrada del no menos notable pianista y compositor cubano Ignacio Cervantes, Unos segundos de silencio y la sorpresa junto a la expectativa arranca la ovación por la entrada de un niño de tez muy morena y con apenas 11 años de edad. Ha entrado a la escena, “El Paganini cubano”.

Las notas introductorias del piano dan paso una por una a las obras escogidas. Iniciado el repertorio con Aire variado, de Beriot y finalizando con variaciones sobre un tema del maestro Rodolfo Hernández, compositor, profesor y organista Santiaguero quien luego fuese colaborador del Ejército libertador.

Los aplausos fueron estruendosos para el erudito que con ocho años de edad ya había compuesto la danza “La simpatizadora”. Ahora su nombre era eco en boca de todos Claudio José Domingo Brindis de Salas y Garrido se había convertido en uno de los violinistas más famoso de todos los tiempos.

De su técnica se comentaba: Es músico apasionado, de una ejecución brillante y hasta diabólica en el instrumento, Posee una mano izquierda con movimientos magistrales sobre el encordamiento, a punto de ser violín y artista como una sola persona, posee, además, un tono hermoso, un arco potente y flexible a la vez y sobre todo, una imaginación vivaz y un carácter interpretativo enérgico. El músico Cubano conserva una serenidad, un buen gusto y una pureza de entonación verdaderamente envidiables.

Físicamente el maestro Brindis de Salas, luego reconocido como “El Paganini negro”, “El Paganini cubano” o “El Rey de las Octavas” era descrito como de estatura sobre lo alto, varonil, esbelto, elegante, aunque a la vez se le reconocía como intérprete libertino pues no siempre respetaba la obra y conociendo los gustos del publico, podía alterarlas y lograr efectos insospechados.
Lo que resultaba de coincidente opinión para muchos, que Brindis de Salas era el mejor, inclusive mucho mejor que José White, otro cubano grande del violín,1er premio en el Conservatorio de París, adonde llegó ya con una técnica de excelencia, exquisita y depurada.

Claudio José Domingo Brindis de Salas y Garrido fue el primer cubano que actuó en un escenario ruso en San Petersburgo, en el año 1880; y en la ciudad italiana de Milán, ambas sedes de las mas prestigiosas de Europa y Asia.

Nacionalizado alemán se une en matrimonio con una alemana con la que tuvo dos hijos, allí junto a otro socio funda una fábrica de pianos y aunque tuvo el privilegio de ser nombrado con el titulo nobiliario “Barón de Salas” y recibir en Francia la condecoración “orden de la Cruz del águila negra” y la Legión de honor, demostraba un gran amor por Cuba y fueron muchas las audiciones que realizó para beneficio de la causa cubana.

Brindis de Salas padecía de frecuentes estados de melancolía y depresión, encerrado en una habitación pasaba horas y días enteros, Algunos razonan los motivos en su obstinado pensamiento de negritud y la búsqueda de sus orígenes. Durante 1903 y 1905 visitó Santiago de Cuba una Sociedad Negra que existía en la calle Sagarra.

Pobre y olvidado el 31 de mayo de 1911, le encontraron desfallecido en una calle de Buenos Aires, azotado por el intenso frio que caracteriza a la ciudad y abrazado al stradivarius que en tiempo de gloria le habían regalado.

Dejó de existir en la madrugada del 2 de junio el Paganini Cubano que había nacido 4 de agosto de 1852, en la casa número 168 de la calle Águila de la capital Habanera.

Colaboración de Santiago Carnago

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