Santiago de Cuba la indomable

En su excelente libro ¡Misericordia! (2014) la Historiadora de la Ciudad, Olga Portuondo, deja constancia de los mayores desastres que azotaron a Santiago, desde el primer sismo del cual se tienen datos (1578) hasta el demoledor huracán Sandy (2012). El volumen alude a los terremotos más destructivos (1678 -1947); refiere otras desgracias naturales y humanas que azotaron a la urbe: huracanes, epidemias, incendios, ataques de corsarios y piratas… Estas catástrofes tienen una parte positiva: contribuyeron a desarrollar el espíritu de perseverancia del santiaguero, la capacidad de resistencia de una ciudad que pese a las adversidades es la única de las siete villas fundadas por los españoles que permanece en su lugar de origen.

En esta página, en varias oportunidades reflexionamos sobre el significado del ser santiaguero. Atendiendo a la sugerencia de varios lectores de la Universidad de Oriente, retomamos el tema, el contexto actual lo amerita. Comenzamos el 2021 con una situación particularmente tensa: el país atraviesa por una etapa de dificultades agravadas por causas bien conocidas y, al mismo tiempo, acomete trasformaciones que no podían esperar. Los momentos complejos suelen despertar en muchas personas las mejores actitudes y en otras los peores comportamientos. Las trasformaciones sociales auténticas generan respuestas que transitan desde su defensa a ultranza, hasta la asimilación acrítica del cambio o el cuestionamiento a rajatabla.

Momentos como el presente nos conducen a apelar al orgullo de ser santiaguero, no por jactancia o altanería, sino por confianza y compromiso. Tenemos una historia robusta. Los historiadores señalan como fecha de fundación de la villa el 25 de julio de 1515, el día del Santo Patrón del Reino de España, Santiago Apóstol: de ahí viene el nombre que se completa con el apellido: de Cuba. Los conquistadores bautizaron a la isla como Juana y Fernandina, pero el nombre aborigen, Cuba, prevaleció. De suerte que desde su nacimiento, en su mismo nombre, está el mestizaje, la mezcla intercultural, que domina pasado y presente. El mestizaje histórico y la cubanía, obligan.

A la hora de señalar los valores de la Ciudad Héroe de la República de Cuba, los mismos de sus gentes, existe consenso. Santiago de Cuba es reconocida por su historia relevante, por su patriotismo, su rica cultura popular, su hospitalidad, su alegría bulliciosa, su idiosincrasia peculiar, por una identidad que la hace única; como manifiestan muchos cubanos y extranjeros. Sus hijos, para no ser menos que la madre, acopian valores afianzados en el tiempo como la valentía, la solidaridad, la laboriosidad, la vocación rítmica, musical, la hospitalidad, el patriotismo… Todas estas cualidades conforman la idiosincrasia del santiaguero, definen su identidad, constituyen razones que defender.

En situaciones como la presente esasrazonesson imperiosas. El ya tradicional bloqueo norteamericano, recrudecido hasta la saciedad en tiempos de pandemia, y la pandemia misma, abultan las dificultades internas, situación que aprovechan los anexionistas de hoy que estiran hasta lo indecible las bondades de los medios y lanzan una nueva ofensiva basada sobre todo en las redes sociales. Nos tientan o nos empujan con malas artes y respondemos; nos atrincheramos en nuestra verdad: son seis décadas de Revolución, 62 años de esfuerzos, de peleas y conquistas: hay demasiadas cosas que proteger y no vamos a cejar. Pero, como para todo combate hay que entrenarse, saber delimitar las propuestas, asumir las encauzadas a mejorar lo que somos y enfrentar con inteligencialas que solapada o desembozadamente tratan de desunirnos.

Sabemos caminar con nuestros propios pies. Quienes intentan hacerlo con los ajenos: tropiezan, resbalan y caen. Nosotros andamos con los nuestros y avanzamos. Estamos habituados a lidiar con obstáculos de todos los tamaños, a superarlos. No hay alternativa: mirar hacia adelante es imperativo de estos tiempos duros y podemos hacerlo sin miedos, con el corazón dispuesto y el oído alerta. En el terreno de la comunicación deberíamos aceptar con Ramonet que informarse bien constituye un deber ciudadano. Creemos que se impone participar. Ahora tenemos una tarea monumental: el ordenamiento, en la cual hay mucho que ordenar, como reconoce el país que trabaja con inteligencia en su perfeccionamiento. Disponemos de una ventaja: el mejor momento para considerar el cambio es su fase inicial: hay que aprovecharla.

Sentimos orgullo de ser quienes somos y ese pensamiento es imprescindible si aspiramos a ser mejores. Lo he reiterado varias veces, como muchos santiagueros soy de los que sueña con un Santiago, amable, limpio, alegre y responsable. Con una ciudad que conserve los atributos que la identifican, que reclame de sus hijos responsabilidad, dedicación, laboriosidad, cortesía, respeto por los valores de la nación; que le exija compromiso total con la sociedad para que podamos trasladar con amor, a nuestroshijos y nietos los valores que defendemos en los cuales se sustenta el orgullo de ser santiaguero, de ser descendientes de una estirpe de vencedores, de ser hijos de una ciudad indomable.

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