Un gran acervo cultural

Nos podría parecer increíble que una ciudad como Santiago de Cuba llena de leyendas, historia y folclor, tenga entre lo mejor relatado acerca de sus costumbres y tradiciones, las semblanzas de un artista inglés.

Así es, y al decir de muchos de nuestros cronistas e historiadores, es Walter Goodman, el distinguido visitante inglés, quien deja para nuestro acervo cultural una gran cantidad de información de esta ciudad, el comportamiento de sus ciudadanos y las reglas sociales que se establecieron en la época de su estancia que fue desde el mes de mayo de 1864 y hasta noviembre de 1868, vivencias que constituyen el mejor legado de este pintor judío a nuestra villa.

En su libro testimonial, titulado “La Perla de las Antillas. Un artista en Cuba”, Goodman nos deja en evidencia la enorme variedad espiritual del cubano en esta parte de la isla y que son rasgos socioculturales que en definitiva lo cautivan.

Nos describe en su libro, con esa agudeza de pintor, la exuberancia del paisaje que lo sorprende, muy en particular el modo de actuar de la gente, esa detallada idiosincrasia del Santiaguero, pero sobre todo logra captar el rechazo del criollo al despotismo español y las causas que lo motivaban a buscar su independencia.

Es en Italia donde Walter Goodman conoce al pintor santiaguero Joaquín Cuadras Sagarra y es por invitación del criollo su arribo a este deslumbrante y suigéneris ciudad y según El cuaderno de notas y la instrucción del sumario por la Comisión Militar confirman, que la casa donde se hospedó Goodman durante su primer mes de estancia en Santiago era la de Enramadas baja número 15.

En su afán de continuar pintando ahora con nuevos paisajes y las ansias artística a plenitud, los dos pintores alquilan un estudio en lo alto del Tivolí, calle de Santa Rosa y allí desarrollan gran parte de la obra que los une en conceptos afines.

Ya insertado en la cotidiana vida citadina, el joven pintor ingles se convierte en uno mas de los que engrosan a la alegre sociedad santiaguera: retretas, ceremonia afrocubanas, paseos montunos a caballo, recorridos por el cementerio de Santa Ana y las populares y famosas descargas en la casa de Lauro Fuentes y donde Goodman muestra sus dotes musicales, son las primeras acciones integradoras del inglés en una sociedad que cada vez le es mas familiar y de su gusto

Sin embargo asociado a ese quehacer dinámico a favor de la cultura, también Walter Goodman se ve envuelto en ambientes guerreristas, como los que ocurren en el conflicto de la colonia y el enfrentamiento de los patriotas Dominicanos por la restauración de la república Santo Domingo y que deja la inquietud reflejada en la ciudad por el temor a las sediciones y los levantamientos armados de negros y libres esclavos promovidos por agentes de los revolucionarios dominicanos.

En las lomas de la Sierra Maestra próximas a El Cobre, se mantenía un ambiente idóneo para la rebeldía, por la concentración de esclavos en las minas de cobre y la gran cantidad de población negra libre y esclava en cafetales e ingenios de las inmediaciones y eso convulsionaba a esta ciudad en todo sentido.

Aun en medio de tanta incertidumbre, es Walter Goodman un cronista relator de los mejores momentos de la trova y las serenatas , de los platos criollos que servían en la mesa santiaguera, algunos llegan a ser desconocidos por nosotros hoy en día, habla el pintor de la música, la arquitectura, la política y hasta de su mala suerte al ser hecho prisionero y conducido al castillo del morro en calidad de detenido sospechosos de infidencia.

Encontrar en nuestras bibliotecas “Un artista en Cuba” de Walter Goodman puede ser algo difícil pero no imposible y el deleite de esta lectura será el mejor legado a nuestro acervo cultural.

Escrito por Santiago Carnago

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