«Un Rubí, Cinco Franjas y una Estrella»

A los creadores: Poetas, pintores, compositores las musas le bajan en el momento y situación menos imaginada, muchas de ellas totalmente paradójicas a las bondades del texto o de la imagen, en otros casos evocativas por la lejanía y las añoranzas.

Eduardo Saborit Pérez nace en Campechuela, Manzanillo, antigua provincia de Oriente. el 14 de mayo de 1912, su inclinación a la música se denota desde muy pequeño y hasta Niquero también en la zona Manzanillera encamina sus voluntades para hacer contacto con el profesor Crecencio Rosales, quién le enseña teoría y solfeo de la música. Más tarde el jovenzuelo Eduardo se inclina a estudiar guitarra y flauta.

Con apenas 25 años de edad a Saborit se le presenta la ocasión de incorporarse al elenco de la prestigiosa emisora CMQ de la Habana, donde ya reconocían su talento y los profundos conocimientos de la música popular campesina que poseía, así como de la guaracha y el son.

Al triunfar la Revolución Eduardo Saborit se pone al servicio de la causa de su pueblo, participando en la Campaña de Alfabetización, componiendo el Himno que representa la inmensa obra altruista de llevar el pan del enseñanza a todos los confines de Cuba.

Por esos tiempos compone la canción “Despertar”, una obra que se inspira en una emotiva carta que le envía un joven campesino al Comandante en Jefe Fidel Castro, diciéndole que había salido de la ignorancia gracias a la obra de la Revolución.

Toda la vida de Eduardo estuvo dedicada a enaltecer musicalmente la etapa diferente que vivía el pueblo cubano y es por ello que compone varios himnos que responden a ese momento histórico.

El joven músico y autor, visitó varios países de Europa entre ellos Finlandia, España y Francia, así como los del campo socialista, entre ellos la antigua Unión Soviética. Es allí en el balneario de Sochi, alejado de su Cuba bella, la inimaginable ocasión para componer la canción que lo inmortaliza: “Cuba, qué linda es Cuba”, la cual fue aplaudida en el XVII Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes.

La creación musical; “Conozca a Cuba primero y al extranjero después” enciende el alma de los patriotas cubanos y le vale ser condecorado con la medalla de oro de La Habana, Eduardo Saborit jamás quiso cobrar un centavo por esa composición.

A su pluma inspiradora se le deben canciones tan populares como La guayabera; Cumplimos; Niñito cubano; Mi escuelita; Ven, niña, ven; El guarapo y la melcocha; El caballo y la montura; Tócalo con limón y por supuesto el hermoso y conmovedor Himno de la Alfabetización.

Sus canciones son un retrato vivo de la Cuba que tanto amó, en cada verso se rememoran los paisajes cubanos, las mas autóctonas tradiciones, la añoranza por la tierra que nos vio nacer y la afiliación a la naciente Revolución Cubana.

Su muerte ocurre el 5 de marzo de 1963, y quien sino podía despedirlo con toda la honra merecida que su gran amigo Jesús Orta Ruiz (El Indio Naborit) En el sepelio no se pidió un minuto de silencio, como podía ser habitual por el respeto ganado, sino que Orta Ruiz solicita “ siglos de música para Eduardo Saborit”, y en su honor le dedicó estos versos:

Por tener hondas raíces, por alegrar campesinos, / por desear los caminos, llenos de niños felices; / por alertar: / “Tú que dices que tu Patria no es tan bella” / y por morir en la huella / de Fidel y de Martí, / toma, mi hermano, “un rubí, / cinco franjas y una estrella”.

Escrito por Santiago Carnago

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