Cuba y su infancia feliz están de fiesta

Santiago de Cuba, 1 de jun. – El Día Internacional de la Infancia se celebra en diversos países cada primero de junio, una fecha que multiplica el amor hacia niños, niñas y adolescentes en el esmero por formarlos integralmente para hacerlos crecer en valores, conocimientos y espiritualidad, en aras de convertirlos en seres humanos plenos forjadores de un mundo mejor.

De la manera en que los guíen y eduquen hoy así será de promisorio el porvenir que les espera, sobre todo en una nación como Cuba donde ellos, como vaticinó José Martí, son la esperanza del mundo, y se acaba de proclamar una nueva Constitución que les garantiza libertad, educación, salud, derechos, su desarrollo pleno y una vida digna.

Regalos bien edificantes tendrán este sábado primero de junio los más pequeños de casa; unos abrirán puertas de par en par al conocimiento con acciones diseñadas para disfrutar aprendiendo, otros participarán en actividades vinculadas con la naturaleza, la historia, el deporte, la cultura y la recreación sana e instructiva.

Para todos habrá una atención especial mediante concursos, fiestas de disfraces, espectáculos artísticos, ventas de libros y revistas, exposiciones de plantas y animales para que nadie falte a una cita que saluda el aniversario 30 de la proclamación y adopción por la Asamblea General de la ONU de la Convención de los Derechos del Niño, el 20 de noviembre de 1989.

Mucho amor en el corazón deben tener las personas que trabajan con los niños y niñas como Arelis Yudith Ochoa Chaveco,  educadora de círculo infantil en la ciudad de Santiago de Cuba, quien en esa casa grande se las ingenia para darles ternura a todos los infantes que la reclaman  y le profesan un cariño muy especial  cada mañana.

Cerca de 30 años en tan reconfortante trabajo la convierten en una mujer feliz, por lo bien que se siente rodeada de los pequeños, quienes saben multiplicarle las alegrías y cimentan  cotidianamente nuevas emociones para que nunca le falte amor para  entregarles.

Arelis Yudith se tituló en la Escuela Formadora de Maestros Frank  País, de la Ciudad Héroe,  donde optó por ser Educadora de Círculos Infantiles porque “decididamente nací para enseñar, me gustan los niños, me encanta  trabajar con ellos,  disfruto a plenitud de su compañía, de sus  travesuras y hasta de sus perretas, pues he aprendido a controlarlos y  ganármelos con afectos y más afectos”, confiesa.

Esa alma de niña grande que la escolta posee su raíz en el  intrincado paraje de Mangá, en el municipio santiaguero de Segundo  Frente, donde ella nació y creció rodeada de amor y de una naturaleza virgen y exuberante que le aportó tanto  espiritualmente  que le alcanza para compartir a manos llenas.

Bien sabe por qué siempre revolotea por su cabeza un pensamiento de José Martí, que trata de hacer realidad en su desempeño cotidiano:   “…el desarrollo de una sociedad tiene sentido si sirve para  transformar a la persona,  si le multiplica la capacidad creadora…” “Difícil sí, este trabajo es muy difícil, admite sin titubeo, pero  gratificante a la vez, cuando una observa cómo aprenden, dejan de ser huraños, participan con desenfado, memorizan textos sencillos,  canciones, versos  y destilan alegría por todas partes.

“Se logra si pones todo el empeño con una alta dosis de amor,  ternura y comprensión; me considero de las personas que tienen amor en el corazón y tal  virtud ha sido ideal para tener esa empatía con los niños, sé cómo  tratarlos cuando lloran porque papá o mamá los dejan a nuestro  cuidado, tengo mucha paciencia para llegar a ellos y conquistarlos”.

La doctora Martha Fuentes Lavaut, profesora de la Universidad de Oriente,  considera  muy oportuno recordar en el Día Internacional de la Infancia al Martí comunicador de un texto pedagógico de alcance ético y humano como La Edad de Oro, que trasciende por la calidad de los mensajes para los niños y para los padres, con plena vigencia a 130 años de fundada.

Refiere que la obra, publicada en varios países y escrita en varios idiomas, encierra un gran magisterio, ya que el Apóstol de la independencia de Cuba la concibió para decirles a los niños lo que deben saber,  de su Patria, de la humanidad, de la libertad y la dignidad del ser humano,  de los pueblos y del pensamiento, y también para poder hablar con ellos como amigos.

El Maestro se entregó con amor a la obra que representa un mensaje universal y tiene mucho simbolismo; en sus cuentos, poemas, versos y artículos inculcó su recio ideario antiimperialista, el amor por la gran Patria latinoamericana, la devoción por la justicia, la libertad y la belleza.

 (…) Así queremos que los niños de América sean: hombres que digan lo que piensan, y lo digan bien: hombres elocuentes y sinceros”, expresaba José Martí en la Edad de Oro.

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