Carnaval santiaguero y sus no celebraciones en la historia

Fenómeno cultural que trasciende todas las épocas. Desde el período fundacional de la villa de Santiago de Cuba, se transfiguraba en las fechas escogidas para las festividades alrededor del Santo Patrono de la Isla: Santiago Apóstol.

Nombradas inicialmente como Fiestas de Mamarrachos- por el uso de las máscaras y de determinadas indumentarias, además del significado del vocablo para señalar vestimentas no acordes o inapropiadas-, dialoga acerca del desprendimiento de la carne, de la vida interna, en la cual se refleja una creatividad diferente.

Esclavos disfrazados que eran autorizados para asistir al jolgorio popular, y ausentarse de los barracones, se trasladaban al Parque de Céspedes, el Anillo Cero de esta ciudad, desde la colonia a finales del siglo XVII y principios del XVIII. Celebraciones que trasladan a tradiciones en el territorio como el desfile por las calles, la alegoría a los personajes populares, y el vestuario típico.

En la República con otras connotaciones: las barriadas se asocian con las empresas para promocionar los productos como los de Bacardí. Contexto en que aparecen los certámenes de belleza, aparejados a la imagen física femenina. Se incorpora el uso de la Corneta China, la cual cumplió en 2020, los 105 años de ser interpretada por vez primera en esta ciudad.

Hoy se conserva la herencia de generación en generación, el sentido popular, y la representación de la idiosincrasia del santiaguero. El reloj biológico marca en julio esta necesidad, y se siente como una pérdida el no poder celebrarlo como quisiéramos: el Carnaval Santiaguero, no presente de la forma en que anhelamos para el conocimiento de algunas generaciones, desde los últimos dos años por la Covid-19.

Sin embargo, ¿es la primera vez de sus no celebraciones formales en la Historia de la Nación? ¿Cómo la cultura de un pueblo eterniza estas prácticas en la espiritualidad del santiaguero, pese a las limitaciones de los tiempos?

Somos “el ajiaco cultural”


Para profundizar en las precedentes interrogantes, y comprender la esencia de una tradición particularizada en el Oriente del país, Sierra Maestra conversó con Abelis Consuelo Reyes Robert, Especialista Principal del Museo del Carnaval en Santiago, graduada de Historia del Arte:

“Febrero es asociado con el santoral católico de Europa, en particular de Venecia. Mientras que aquí el 25 de julio homenajeamos a Santa Cristina, Santiago y Santa Ana. Otro elemento importante con las fechas constituyen las connotaciones clasistas.

“Para el siglo XX hacen dos carnavales, uno en invierno (febrero), y otro en julio, para separarlos escudados en el hecho de las aristocracia. En los clubes las músicas eran diferentes, había etiqueta; el Club San Carlos y otros tenían una dinámica diversa.

“Las publicaciones periódicas, como el Diario de Cuba, lo recogían así, y había cierto desdén y distanciamiento a los de julio. Se veían estos últimos como un hecho grotesco, que degradaba la moral de las personas, fuera de lugar, y muestra de la ignorancia popular. Lo cual era todo lo contrario, constituía algo pintoresco, de tradición, jolgorio, folklore, y alegría”, afirmó.

La especialista también destacó el factor de las migraciones en el territorio y de las herencias culturales que tiene Cuba: de la española el período festivo dedicado a estas deidades; de los africanos la transformación del santoral católico, los instrumentos de percusión, y los movimientos de danza; y por otra parte la corneta traída de Occidente, a la cual se le da un nuevo uso. El conocido “ajiaco cultural”.

Asimismo, el carnaval santiaguero se vincula a la efervescencia revolucionaria. “En el año 1955 el Alcalde prohíbe el uso de las máscaras en Santiago, relacionado con las acciones precedentes del asalto al Cuartel Moncada. Pero mucho antes, a finales del siglo XIX, el Carnaval se asoció con las luchas independentistas, ya que eran utilizadas por los mambises para el camuflaje de conspiraciones. Cuando analizamos con detenimiento, lo relacionamos con la historia, la gastronomía, el vestuario…

“Tantas dimensiones que nos tipifican y diferencian de otras fiestas populares nacionales. A mi criterio, auténtica como lo son también las parrandas en Remedios (peleas simbólicas de los barrios, colores representativos), y el Carnaval de La Habana (carrocería con las orquestas, más distanciamiento). Cada uno con sus características”, precisó Reyes Robert.

Cuando el baile cesó
En el ímpetu por salir adelante había que hacer la zafra y todo lo demás; de las aulas, las fábricas, las industrias…un país se movilizaba en trabajos voluntarios a los cañaverales; al alza y corte para el desarrollo económico del mismo. Entre los años 1966 y 1970 se desplegaba el primer plan para el avance de la industria azucarera, cuando un 35 % de las tierras se dedicaron a la caña.

Lo concertado era de un total de 10 millones de toneladas (t), como necesidad de la industrialización, mayores exportaciones, al igual que el incremento del consumo por el número de pobladores. Sin embargo, a causa de la falta de mano de obra, el equipamiento de las industrias, y déficits en la gestión y dirección del proceso, sólo se alcanzaron 8 537 600 t de azúcar.

“Se van a las calles a trabajar y no era el momento para expender en otros gastos, ya que se hacía todo por salir adelante, y los recursos se concentraron en este propósito. Por esta razón, durante la segunda mitad del siglo XX, en 1969, no hubo carnaval por la zafra de los 10 millones- subrayó Abelis Consuelo Reyes-. Este hecho se volvió a repetir en 1991, el inicio del Período Especial en Tiempo de Paz. Las carencias en el día a día lo dificultaban todo.

“En efecto, los Carnavales Santiagueros como festividad también responden a un contexto económico. Es un acercamiento de la cultura al pueblo, gracias a la preocupación del Ministerio de Cultura, que asume el costo de los vestuarios, las telas, los materiales para la realización de otros objetos. No es un elemento aislado de la dinámica social de Cuba.

“Los gastos estatales para hacer un quiosco, la tarima, preparar a un jurado, efectuar premiaciones…requería mucho despliegue de recursos, los cuales no estábamos preparados para afrontar en esas condiciones específicas referidas con anterioridad.

“Recientemente, a partir del año 2020, por las medidas higiénico-sanitarias que debemos cumplir se ha suspendido durante dos años consecutivos. Como hecho social trae consigo la interacción entre personas, para disfrutar el espectáculo visual y la comida, y los espacios bailables; por esta razón la Covid y el carnaval no van de la mano. Sin embargo, cada cual desde su hogar puede rememorar el período en que participó de esta festividad en las diferentes etapas”.

Propuesta de la especialista que llega al público santiaguero mediante la consulta e interacción con contenidos de la Página Oficial de Facebook del Centro Provincial de Patrimonio Cultural, donde se localizan videos e informaciones de manera sistemática.

Materiales acerca del Carnaval en Santiago como patrimonio material e inmaterial de la Nación desde el año 2015, y los monumentos en este marco: Rafael Salcedo (tarja conmemorativa en la Casa de la Trova); el sonido de la Corneta China como exponente, interpretado por Joaquín Solorzano, entre otros.

Se suman los recuerdos de pasajes de las rutas del verano, “Con los monumentos de la calle Heredia”, que lo hace diferente el recorrido con las congas, cuyo sonido arrastra a todo un pueblo; además de artículos acerca del diseño de vestuario típico y de los museos de la ciudad.

Profundiza en los toques de la campana, las congas, las comparsas, las dinámicas del territorio, en el cual asistían tantas personas para la actividad. De igual forma, se particulariza en la conga desde sus instrumentos de percusión, y los intérpretes de este formato.
Se adicionan las comparsas congas, que generan esta música para la actuación de la exhibición danzaria, y las comparsas paseo con una dinámica diferente, pues aunque tienen instrumentistas de viento en vivo, realizan ejecuciones con piezas musicales grabadas.

Los materiales digitales registran, además, el movimiento por las calles de otros años; la vinculación de la Tumba Francesa de la Caridad de Oriente a las celebraciones, por su Presentación de La Tajona, con sus bailes de cintas; una institución que cumplirá 160 años el 24 de febrero de 2022.

Muestras del último lustro en Internet, reflejos de la jocosidad, el humor, mezclados con los estribillos de la canción en el hit parade o la más popular. La decoración de las calles como un momento efímero y eternizado, que cambia todos los años y se reinventa en cada uno. Los concursos del cartel anunciador del Carnaval, que demuestran el virtuosismo del talento local, en Revolución Cubana, y la producción tangible de un fenómeno espiritual.

“Los vestuarios de los cabildos, las capas, la kimona china, las carrozas… Deseamos remarcar, asimismo, su carácter inclusivo, con la participación en el desfile del proyecto sociocultural Sin barreras, destinado al trabajo con personas con necesidades educativas especiales, quienes presentan un paseo que llega a la sensibilidad de todos.

“Recrea recuerdos del Carnaval Infantil, para que los niños tengan un espacio. El reflejo de la herencia familiar, integrados a estos eventos en diferentes generaciones. Otra particularidad de la presente edición es que aunque el Taller del Carnaval dedicado a agrupaciones de Aniversario no se efectuó en abril, desplegamos varios homenajes a los cumpleañeros del Carnaval de Santiago.

“Dígase de la Comparsa del Adulto Mayor, los Tambores de Enrique Bonne, los Paseos de Sueño y Heredia; a Joaquín Solorzano, intérprete de Corneta China, Miembro de los Tambores de Enrique…, fundador y Director del Gremio de la Corneta; y Pepín Línea, vinculado a la imagen del carnaval en la ciudad”, concluyó Reyes Robert.

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