De mis recuerdos… mi maestra de quinto grado

Santiago de Cuba, 7 de sept. -Han pasado 60 años. La memoria me recuerda dos hechos relacionados con la escuela nacional Heredia, nombres de entonces de las primarias donde estudié desde el Kindergarten hasta el 6º. Grado, este último en enero de 1959, ya con la Revolución Cubana en el poder.

Un día de 1957, en camino para la escuela, encontré un papel pegado en la pared de una casa muy curioso, lo arranqué,  lo guardé entre mis libretas y muy callado, se le entregué a mi maestro de quinto grado nombrada Clara Llull. Fue como un shock cuando vio el papel aquel que tenía una especie de bandera de colores rojo y negro en cuyo centro había un número 26 grande. Solo me dijo: “Nunca más cojas estos papeles. Son peligrosos.”

Esta historia tendría su final en noviembre de 1958. Aquel día, mientras que la maestra Clara impartía una clase de Historia, entró un hombre intempestivo y muy nervioso al aula y le dijo algo al oído. Ella comenzó a llorar desconsoladamente en silencio. De inmediato se la llevaron.  Después supimos que su hijo, nombrado Eduardo Mesa Llull, había caído en un combate contra el ejército batistiano. Él era miembro del Ejército Rebelde y su muerte había ocurrido cerca del pueblo de Alto Songo.

A partir de entonces se suspendieron las clases hasta después del 1 de enero de 1959. No volvimos a la escuela en cuyo patio estaba escrito, con letras de bronce y pensamiento de José Martí: Los niños son la esperanza del mundo. Y PUNTO. Nos vemos en la próxima.

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