De temblores y otros asedios

Santiago de Cuba, 13 de feb. – El 28 de enero pasado me uní a un nutrido grupo de profesores y estudiantes. Marchamos a rendirle homenaje a José Martí, el Héroe Nacional de Cuba: honor a quien honor merece. Fuimos al Cementerio Patrimonial Santa Ifigenia a ponerle flores a un hombre de paz que fue capaz de organizar la guerra necesaria y morir en ella, no solo por su patria sino por la de muchos. Incluso, observen la contradicción, los enemigos de la Revolución Cubana, especialmente los asentados en La Florida, lo toman como su estandarte y tienen una emisora y una televisora con su nombre y sin embargo le pagan a sus asalariados de casa  para que profanen bustos del Apóstol. ¡Lo que pueden la política, el dinero y la desvergüenza!

Pasadas las 2 de la tarde me enfrasqué en desentrañar unos criterios teóricos tan interesantes como ininteligibles aunque están escritos en español. Sentí un movimiento suave; no le hice caso: en México me acostumbré a lostemblores. Pero, segundos después las paredes comenzaron a moverse, mi pequeña mesa de trabajo se movía, el piso, el techo se movían, afuera mis vecinos gritaban alarmados. Un minuto más tarde la tierra recobró su cordura, pero mis vecinos no; aguardaban las réplicas. Intenté continuar, volver a sufrir con el libro de Comunicología. Al rato me telefonearon:el terremoto fue de 6, 9 grados en la escala de Richter y entonces si me entró la tembladera; padezco de retraso sísmico, pensé.

Al caer la tarde me enteré por la televisión que el sismo había sidode 7, 1: ¡Mi madre!, dije y no grité ¡misericordia!, porque no soy aficionado a los gritos. La cifra me remitió a Marta Cabrales y a Olga Portuondo. La primera escribió un excelente articulo titulado“Santiago ante el insondable misterio de los sismos”. Lo publicamos en la revista Siempre Santiago,de Prensa Latina, en la número 6. La periodista resume lo ocurrido a partir del 17 de enero de 2016 cuando comenzaron a producirse continuas sacudidas que nos alarmaron. Muchas personas optaron por dormir durante varias noches en espacios abiertos porque hubo cientos de réplicas. Marta reconoce el trabajo del Centro Nacional de Investigaciones Sismológicas, destaca su papel en la información pronta y profesional. Alaba la actitud de la población santiaguera y de la prensa.

Olga, por su parte escribió un libro valioso: su título es anunciador: ¡Misericordia!; el grito de terror que profieren muchos santiagueros, despavoridos y esperanzados cuando, de pronto, la tierra comienza a temblar. Sucede que los sismos, por su carácter enigmático, por sus consecuencias imprevisibles, atemorizan con más fuerza que cualquier otra de las interminables calamidades sufridas por la ciudad desde su fundación en 1515.  Los temblores impactan en la conciencia del santiaguero e influyen poderosamente en el imaginario colectivo. Esa realidad está fehacientemente demostrada en el libro de Olga Portuondo, la historiadora de la ciudad.

El libro se define por su poder de síntesis:resume lo ocurrido desde el primer sismo del que se tienen datos (1578) hasta el demoledor huracán Sandy (2012). El volumen alude a los terremotos más destructivos y refiere otras desgracias naturales y humanas que azotaron a  la ciudad:  huracanes, epidemias, incendios, ataques de corsarios y piratas, el sitio de Santiago  por la flota norteamericana (1898),  cuyos bombardeos causaron más estragos que cualquiera de las calamidades citadas con anterioridad.

Las catástrofes señaladas en el párrafo anterior, a pesar de sus secuelas destructivas, tienen una parte positiva pues contribuyeron a desarrollar el espíritu de perseverancia del santiaguero, la capacidad de resistencia de una ciudad que pese a las adversidades es la única de las 7 villas fundadas por los españoles que permanecen en el lugar de su fundación.

¡Misericordia! explica la evolución de los criterios sobre las causas de los sismos, que van desde la creencia seudocientífica de que los terremotos eran un castigo divino hasta los actuales que conciben los sismos como fenómenos de origen tectónico causados – en el caso de Santiago de Cuba- por fallas activas próximas a la hoya de Bartlett ante cuya ocurrencia, por ahora científicamente impredecible, hay que adoptar las medidas que los santiagueros conocen de sobra. Y no alarmarse por comentarios infundados como la posibilidad de que los temblores produzcan tsunamis, improbable según la ciencia.

El texto que reseñamos se apoya en el uso de un lenguaje que, sin renunciar a ser científico, se adecua a públicos amplios. Por eso quisimos esta vez reproducir los fragmentos de un trabajo anterior publicado en esta página. En ¡Misericordia! el lenguaje se utiliza con tanta habilidad que los especialistas sienten que es el suyo y lo que no lo somos sentimos que es también nuestro; de suerte que cualquier santiaguero interesado en conocer más sobre su historia, puede acceder a un asunto tan importante como la historia de los sismos y de otras calamidades que han contribuido a moldear la personalidad y la capacidad de resistencia de toda una ciudad.

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