Decencia y honestidad sobre la balanza

Foto de Internet

Santiago de Cuba, 6 de dic.- En estos tiempos de dificultades económicas que afectan a todos los sectores de la sociedad y a la población cubana en general, se hace más necesario que nunca recordar y hacer valer la vigencia del pensamiento martiano que reza: “La pobreza pasa, lo que no pasa es la deshonra”.

  Las carencias materiales que pueden ser hasta de productos alimenticios y otros de vital importancia para la vida de la personas, ciertamente causan inobjetables molestias  que ponen la decencia, la honestidad y la honradez sobre la balanza, pero que solo logran hacer mella en quienes requieren de un propicio caldo de cultivo para asumir posturas incorrectas.

  Algunos alegan y, apoyándose en ese argumento actúan, que las dificultades y escaseces  obligan a la deshonestidad, indecencia y deshonra, mientras otros, ante iguales circunstancias, piensan que cuando hay valores y principios que defender  nada puede resquebrajar nuestra actuación y conducta hacia los caminos del bien.

  Es verdad que las crisis económicas que afectan el mundo de hoy también influyen sobre Cuba y tienen su reflejo y consecuencias en la conducta social, aunque donde hay sólidos valores y buena formación no es fácil torcer el sendero por donde se ha marchado.

   Esta nación tiene una rica historia no solo en términos patrióticos, sino también una tradición de actuación y principios inviolables que deben prevalecer ante estos problemas, e invitan a la reflexión de trabajadores, estudiantes, amas de casa, madres, padres, maestros, en fin forjadores de las nuevas generaciones.

   Antes del triunfo de la Revolución en 1959, el hambre y la miseria señoreaba en la mayoría de los hogares de los más humildes del pueblo,  entre los que predominaba el desempleo, la injusticia y la exclusión, sin embargo robar, ser deshonesto e indecente no era la opción que escogían.

   Hay una lección que vale para todos los tiempos y es el ejemplo de muchos padres y abuelos que esgrimían siempre: pobres pero honrados,  y no le admitían a los hijos llevar a casa nada sin conocer su procedencia, sin tener las cuentas bien claras, aunque ello sirviera para mitigar el hambre de un día.

  La Revolución en el poder que desde el primer día se declaró de los humildes, por los humildes  y para los humildes, se encargó de eliminar males de esa sociedad de injusticia  y creó nuevos valores y condiciones para que la pureza y la honestidad prevalecieran sobre los vicios  y patrones morales del capitalismo.

   Un tema de mucha actualidad en que esos valores que la Revolución ha inculcado a sus hijos deben primar, es en relación con las  nuevas medidas contenidas en la Resolución 54/2018 para la protección al consumidor, puestas en práctica en el país y que siguen impactando en Santiago de Cuba por su influencia en la prestación de un mejor servicio y eliminación de irregularidades y violaciones.

 “Para mí respetar el derecho del cliente pasa primero por la honestidad, al despacharle con exactitud en el pesaje de los productos que adquiere, además de tratarlo con compostura y cortesía, considera  Alberto Barroso Caballero, dependiente por 24 años de bodega en el supermercado de Micro 3, en el Centro Urbano Abel Santamaría, de esta ciudad.

  Este hombre diligente y todo un caballero en su puesto de labor, piensa que la Resolución es un instrumento vital para realizar mejor el trabajo, ya que el consumidor está en su derecho de reclamar por la falta de calidad o de mal pesaje  del producto que compra, pero todo debe hacerse con ética, respeto y decencia.

   Barroso Caballero insistió en la urgencia de arreglar las pesas, que tengan su sello de calidad, no obstante, el problema de la estafa cuando se perjudica a la población va más allá del tipo de báscula, siempre que esté adecuadamente calibrada, y en esto incide el factor humano, sobre todo de personas carentes de buenas costumbres, subrayó.

Por: Aida Quintero Dip.

Deja una respuesta