A pesar de todo… volvimos a soñar

Las Avispas le pusieron todo su empeño, pero los deseos no pudieron superar a la lógica y quedaron en el camino de los play-offs al caer tres juegos a uno ante Las Tunas, que finalmente se llevó la eliminatoria y se convirtió en el cuarto semifinalista de la 60 Serie Nacional de Béisbol.

Sin margen de error llegaron los indómitos al cuarto desafío y hasta el sexto capítulo, colgados del brazo de su mejor lanzador, Carlos Font, dieron batalla; pero a partir de ese momento las pifias defensivas y el pitcheo de relevo se encargaron de destruir cualquier posibilidad de remontada.

Sin embargo, más allá de la eliminación y de haber descendido un lugar con respecto al año pasado (del quinto al sexto), hay varios puntos que debemos valorar en el desempeño de los santiagueros en esta “Serie del coronavirus”.

Cuando los montañeses perdieron ante Villa Clara en los cuartos de final de la edición 49 del principal pasatiempo cubano, estoy seguro que ninguno imaginó que las Avispas, ocho veces campeonas nacionales, caería en una sequía de trofeos que anda ya por los 13 años (el último título fue en el 2008).

Y no solo esto, si no que en esas 13 temporadas solo alcanzarían los play-offs en dos oportunidades: La mencionada del 2010 y la que acaba de concluir.

Las causas de esos descalabros han sido muchas y casi todos las conocemos: La emigración de atletas, falta de motivación en la base, problemas económicos… en fin, una serie de eventos que, también vale apuntar, no evitaron que las categorías inferiores obtuvieran más de un resultado destacable, como los dos campeonatos ganados por el sub-23.

Lo cierto es que el deporte tiene memoria corta y al final, aquí se trata de ganar, no hay que darle muchas vueltas. En esta oportunidad los dirigidos por el profesor Eriberto Rosales volvieron a sucumbir para extender la escasez de medallas. Una que vuelve a frustrar a sus fieles, quienes desde sus casas -seguro estoy- sufrieron y disfrutaron en cada inning de esta accidentada temporada.

Pero quedarnos únicamente con la derrota sería pecar de superficiales e insensibles. Todos saben que las Avispas tuvieron que sortear muchos obstáculos para poder culminar su actuación, de la forma más digna posible, en esta 60 Serie.

Nunca un equipo se vio atacado por un rival tan invisible y mortal como la Covid-19. Y no solo una vez, sino dos ocasiones en menos de un mes. No recuerdo que jamás un conjunto haya tenido que esperar un mes entre el primer y segundo partido de cuartos de final, sin apenas entrenar y con el estrés sicológico de saberse en riesgo ante un virus letal.

Aun así, los muchachos dieron el frente y salieron dispuestos a tumbar al que es, sin discusión, el equipo más estable de los últimos cinco años en el país: Los Leñadores tuneros.

Un elenco robusto, liderados por varios de los mejores bateadores del momento en los campeonatos cubanos, que saben lo que es llegar a lo más alto y donde estaba también un Carlos Juan Viera que es de lo mejor que tiene el staff de lanzadores de la selección nacional.

A pesar de todo, “Santiago” salió delante en el tope. Y nadie me va a sacar de la cabeza que, de no haber sido por la Covid-19, este enfrentamiento contra los del Balcón del Oriente Cubano hubiese tenido otro matiz. No voy a decir que lo hubieran ganado los indómitos, porque adivino no soy, pero 24 ceros consecutivos no les hubiesen colgado, de eso sí estoy convencido.

No me gustan los discursos chovinistas, pero estos muchachos realizaron un esfuerzo titánico y merecen el respeto de sus seguidores y, por qué no, de sus contrarios también.

Los tuneros fueron mejores, no hay que buscarle pretextos a su victoria. Y si a veces disfrutamos con éxitos casuales (incluso cuando no son merecidos), por qué no reconocer cuando hay dignidad en una derrota. Nos vemos en la próxima temporada. Ah… y ojalá sea todos juntos en el “Guillermón”.

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