Los puños de casa con un futuro dorado

Resta poco más de un año para la celebración de los próximos Juegos Olímpicos en la ciudad japonesa de Tokio, en la que el boxeo cubano está destinado a rubricar la actuación más sobresaliente para nuestro país.

La armada de casa debe obtener de cinco a seis medallas en total, y de ellas tres pudieran ser de oro, tal como sucedió en Río-2016, donde se capturó esa cantidad de pergaminos dorados e igual número de metales de bronce. Recordemos que en la capital nipona solamente se competirá en ocho divisiones y no en diez, como aconteció hace cuatro años.

Aunque todavía no se ha efectuado el torneo preolímpico de América, evento que entrega los cupos directos para viajar a Japón, es de esperar que el conjunto cubano logre los ocho boletos allí. Probablemente el equipo nacional quedaría conformado por más de dos campeones olímpicos y tres titulares mundiales. Nos referimos a una escuadra experimentada que tendría, además, la presencia de uno o dos jóvenes talentosos, quienes están programados para brillar en el próximo ciclo olímpico, hasta el año 2024.

Para cobrar protagonismo en Tokio, seguramente la selección que dirige el profesor Rolando Acebal realizará una exigente preparación, acompañada de varias bases de entrenamiento, donde los púgiles se acercarán a su mejor forma física.

Una vez que termine el boxeo de los Juegos Olímpicos, varios de los mejores púgiles del patio pueden colgar sus guantes, tras desarrollar una exitosa carrera deportiva por más de diez años. Quizá algunos sigan y logren extender su labor por un tiempo más, todavía regalando éxitos internacionales.

¿TENEMOS FUTURO A LA VISTA?

En sentido general, el boxeo cubano conserva una excelente salud, no porque varios de sus principales hombres están, libra por libra, entre los peleadores más sobresalientes del mundo, sino gracias a una camada de prometedoras figuras.

Algunos son muchachos que no sobrepasan los 22 años de edad y van por el camino correcto para afrontar dos ciclos olímpicos, hasta 2028. Las divisiones más robustas son las de 52, 57, 69 y 75 kg. Otras, como las de 63 y 81 kg, tienen en Andy Cruz y Arlen López, a los llamados para capitanear la nave después de Tokio. Pero estas dos últimas categorías necesitan explotar a dos o tres pugilistas en esos pesos, para alcanzar la rotación y el equilibrio necesarios, desde certámenes al más alto nivel hasta torneos de menos envergadura.

Los pesos de 91 y +91 kg presentan las mayores interrogantes de cara al futuro. En los superpesados se halla Dainier Pero, joven con grandes condiciones para potenciar su boxeo, pero más allá del camagüeyano no hay otro protagonista que se muestre capaz de cosechar triunfos en la arena internacional. En 91 kg aparecen inscritos Julio César La Cruz y Erislandy Savón. Ambos tendrán más de 30 años de edad después de Tokio, y no se observa a talentos como relevo de estos dos campeones mundiales.

Las extintas divisiones olímpicas de 49 y 60 kg todavía se conservan en el escenario nacional, de cara a Juegos Panamericanos y Centroamericanos y del Caribe. En los minimosca y ligero se necesita mantener a hombres de calidad, para que encaren las competencias de segunda línea. No se pueden abandonar del todo ni seleccionar a atletas que no reúnan las condiciones para optar por una medalla.

Deja una respuesta