Derecho al empleo, esencial conquista de las cubanas

La mujer goza de privilegios en una nación como Cuba que desde el propio triunfo de la Revolución, el primero de enero de 1959, se preocupó y ocupó porque disfrutara de todos sus derechos, a la vida, la educación, la salud, al trabajo, a la justicia social, la igualdad de género y oportunidades para prepararse y servir mejor a su pueblo.

A la vuelta de más de seis décadas puede asegurarse que han aprovechado muy bien los beneficios otorgados y ganados con entrega y esfuerzos, por lo cual hoy son protagonistas decisivas en la vida socioeconómica del país y pilares en ramas que reclaman sensibilidad, disciplina y amor como la salud, la ciencia, la pedagogía, la cultura.

Uno de los derechos conquistados más visibles es el del acceso al empleo, debido al abismal contraste con respecto a antes de 1959, cuando en el ámbito laboral era ínfima la participación de mujeres, la mayoría como domésticas, con un nivel cultural de apenas segundo grado, el que reinaba, como promedio, en la población de la isla en esa época.

Tan situación era consecuencia de la sociedad que imperaba en Cuba durante la seudorrepública, cuando la tasa de desempleo del país se elevó a 8,3 por ciento y en la zona oriental llegó hasta el 10,4 por ciento.

Como muestra del aprovechamiento de las oportunidades que les ha dado la Revolución y del alto nivel de equidad del cual disfrutan, ahora constituyen más del 65 por ciento de la fuerza profesional y técnica, un dato de referencia en cuanto a su calificación y protagonismo.

Las mujeres han ido más lejos en la Cuba de hoy, al incorporarse a sectores no tradicionales, manejan tractores, cortan caña, asumen alternativas como el trabajo por cuenta propia, y se retan a sí mismas en faenas duras de la agricultura, donde son cooperativistas o usufructuarias.

Precisamente, Santiago de Cuba recibió hace pocos días con alegría la noticia de que la mejor machetera del país, la sanluisera Bárbara Durades, fue condecorada con el Título Honorífico de Heroína del Trabajo de la República de Cuba, para orgullo de su familia, su barrio y la nación entera.

Y no solo las mujeres son beneficiarias al tener derecho a un empleo decoroso, sino que logran otras ventajas como igual salario por trabajo igual, y empleo como base de la seguridad social, sin discriminación de ningún tipo, además de capacitación de toda índole.

Asumen responsabilidades en diversas ramas, dirigen escuelas, hospitales, universidades, órganos de prensa, ministerios, empresas, fábricas, industrias, aunque todavía enfrentan vestigios ancestrales que las limitan en cargos de toma de decisiones, un aspecto que luchan por transformar.

Es que la Revolución primero las dignificó y después les abrió un horizonte de posibilidades y amplias perspectivas de acceder a profesiones, oficios y puestos de labor, donde se distinguen por su disciplina, responsabilidad y entrega.

Las cubanas están dispuestas a preservar contra viento y marea esos derechos, esas conquistas, aunque un freno que impide desarrollar todas sus potencialidades es el criminal bloqueo impuesto por los Estados Unidos a Cuba, ilegal política que afecta a todos los sectores de la sociedad.

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