Desayuno e ideología

Santiago de Cuba, 24 de ene. – Cuando estudiábamos en la Universidad de Oriente allá por los años 70, tener problemas ideológicos era tan fácil como peligroso. Los ladrones, los fraudulentos, los criticones, los homosexuales y hasta los religiosos tenían problemas ideológicos y había que resguardarse de ellos y combatirlos. Permanecimos en guardia hasta que aprendimos que ideología y política no son sinónimos, y respiramos aliviados. La ideología como hoy se entiende es un concepto muy vasto, es el sistema de ideas e incluye nada menos que a la vida.

En la actualidad, en el mismo centro docente donde nos formaron, existe la carrera de Comunicación Social. En ella menudean las investigaciones: hay muchos problemas sociales de la ciencia sobre los cuales indagar. Si uno se lleva por su tamaño descubre que no alcanzaría una vida para investigarlo todos y mucho menos para intentar resolverlos. Pero los entusiastas insisten porque, entre otras cosas, la participación en proyectos de investigación implica dinero, así es este país de generoso y hay quienes aún discuten y quieren más: no miden el grosor de los problemas: eso no importa, dicen, hay que ocuparse de ellos, resolverlos o no es asunto secundario; hay que buscar respuestas aunque sean inútiles; así es la cosa.

Sin embargo, entre el maremágnum de investigaciones no conozco ninguna que se haya interesado en el asunto del desayuno y la ideología, no me extrañaría que existiera alguna ni tampoco que yo la desconociera. Pero, insisto, este tema debería concitar la atención de nuestros investigadores que se ocupan de casi todo y van a eventos, regresan con diplomas, publican artículos y hacen todas esas cosas tan hermosas y plausibles , de modo que contribuyen a que la vida siga igual porque si dan en el blanco y resuelventodos los problemas se quedan sin trabajo.

Si algún osado se ocupara del tema le sugeriría que comenzara por analizar un órgano tan aparentemente simple: el estómago. Creo que todos tenemos al menos uno. Sus advertencias son implacables. No acabas de despertar y te avisa. Resulta que el cuerpo tiene su propia memoria que más que en el cerebro radica en el estómago. Por eso no es desatinado afirmar que hay gente que piensa con la barriga. También hay personas que subvaloran el desayuno y lo desdeñan aunque los dietistas aconsejan lo contrario. Hay quienes prefieren gastar sus energías en el almuerzo o en la cena, que en Santiago se denomina comida, como si el resto de los ejercicios estomacales no lo fueran.

Si usted desayuna bien, sale a la calle con ánimo de trabajar, saluda a los vecinos, aguarda paciente en la parada de ómnibus, donde puede conquistar nuevas amistades, llega a su centro y pone manos a la obra. No se pregunta cuánto vale un desayuno. Si eligió la opción de pan con huevo o pan con aceite, no hay problemas. Pero si escogió la alternativa de echarle algún vegetal al pan ya comienza el análisis sobre la economía del país y otras cuestiones aledañas. Eso para no mencionar el escurridizo sustantivo carne. Fíjense que no acudo a esa palabra: respeto mucho a los lectores para ofenderlos desde el desayuno.

Usted desayuna cumplidamente y la ideología se fortalece. Arranca con ánimos de cumplir su objeto social como servidor público. Saluda con sinceridad a los borrachitos insomnes del barrio, recoge el carro en el parqueo, llega a su trabajo, toma un inmenso llavero, escoge si mirar la llave correspondiente, abre su oficina, prende la computadora y antes de enterarse de lo mal que anda este mundo desquiciado, recibe amable a sus compañeros, como hoy o no hay necesidad de reunirse, aprovecha para dar algunas orientaciones individuales, revisa papeles y vuelve a la máquina. Empieza el nuevo día, ya cumplió la tarea de desayunar, ahora tiene que afrontar otra actividad principal de cada día: el sentido común.

Creo firmante que debemos meditar sobre el la importancia del desayuno y su relación con la ideología. Si entre estos dos conceptos no hay una relación marital, prometo no escribir nunca más sobre el tema. Claro, como en toda relación auténtica hay   contradicciones, si no es así, por favor, alértenme para poner el asunto en una agenda vieja donde recopilo aquellos temas que prefiero evitar, no porque alguien me haya orientado o recomendado hacerlo, sino porque hay cosas que o rebasan mi capacidad de análisiso decirlas puede contribuir a en vez de resolverlas a complicarlas y,  enestos casos, prefiero acudir a la valentía y quedarme callado.

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