Dialéctica de la formación inicial del docente y la formación posgraduada

Santiago de Cuba, 8 de feb. – La educación de posgrado emerge de las exigencias del desarrollo de una determinada sociedad, a lo que se le agrega, la necesidad del saber estrechamente vinculado a la práctica, como fuerza transformadora para promover el desarrollo sostenible de la misma.

La formación inicial y la formación de posgrado se dan por tanto, en unidad y contradicción a la vez. La unidad está determinada en que la formación inicial demanda en la propia lógica de la praxis profesional una consecutividad formativa actualizada, de acuerdo con los saberes más avanzados de la profesión.

La contradicción se enmarca en que cuando se produce la formación posgraduada se promueve la renovación de los saberes a tenor de los avances y el desarrollo científico – técnico y se plantean nuevas necesidades formativas.

En la relación que se da entre la formación inicial y la formación posgraduada como un todo,  se abre paso el desarrollo y crecimiento del docente en todas sus posibilidades y capacidades; ese es el contexto donde se ordenan los múltiples conocimientos acumulados por el sujeto, en la misma medida que puedan comprender su sentido, dirección y utilidad.

En este mismo orden de análisis, se puede entender que es en el posgrado donde los docentes podrán adquirir nuevos saberes e integraros a los de la formación inicial (saberes previos) y a los de la práctica profesional pedagógica que desarrollan, como  nuevo acervo cultural.

Los saberes previos son entendidos, por tanto, como los conocimientos, habilidades y valores que el docente ya posee, con respecto lo nuevo que se propone adquirir, así como los que de manera directa o indirecta puedan relacionarse con este.

Los saberes previos no sólo le permiten al docente relacionarse con el nuevo saber, sino que, son la base para la construcción de nuevos significados y sentidos, en tanto, los saberes son más significativos en la misma medida en que el sujeto es capaz de entenderlo y relacionarlo con lo que ya conoce.

Esta dialéctica que se da entre los saberes previos y el nuevo saber adquirido, favorece la creación de una cultura integral y actualizada de la profesión, que además le posibilita en su propia lógica un constante auto perfeccionamiento, autonomía y autodeterminación, en íntima conexión con los necesarios procesos de compromiso y responsabilidad social.

El auto perfeccionamiento, la autonomía y la autodeterminación se dan en la medida en que el sujeto es capaz de orientar y definir su propio conocimiento a través del cuestionamiento, la indagación, la praxis, la reflexión y la construcción del mismo, es la facultad que lo lleva a la actualización y el perfeccionamiento constante (aprender a aprender, saber qué), es el consecuente  interés  por la transformación social, con acciones inteligentes y responsables, y el propósito de buscar siempre el bien para el mayor número de sujetos (aprender a hacer, saber hacer).

La autonomía y la autodeterminación evidencian el autoconocimiento del docente, lo cual se estima como fundamental para la configuración de una personalidad responsable, se expresa en el desarrollo de la capacidad de autorrealización que le permite al sujeto tomar iniciativas y manifestar juicios críticos sobre la realidad y su relación con ella.

Es importante además aprender a vivir con respeto, cooperación y comprometido con otros seres humanos, con el desarrollo social y, en general, con todos los organismos vivos y los sistemas no vivos que guardan el equilibrio del planeta y del cosmos, todo lo cual implica entender y experimentar la interdependencia y el desarrollo de la conciencia ecológica; con la mirada puesta hacia que todo funciona con un propósito especial para la evolución (aprender a ser, aprender a vivir juntos, saber ser).  

De lo anterior se infiere que de la relación que se da entre la formación inicial del docente y la formación posgraduada, los docentes podrán tener la posibilidad de desarrollar su capacidad transformadora humana, a través de un proceso lógico de generación e integración de los saberes de la profesión y de la ciencia, la innovación y el medio ambiente, donde, en la propia dinámica de la formación tendrán la posibilidad de elaborar juicios de valor pertinentes sobre los cambios necesarios que se deberán promover en el proceso docente educativo.

Se podrá contar entonces, con un potencial profesional que posea herramientas útiles para su auto desarrollo, con capacidad transformadora y creadora, en tanto, es menester que el docente se apropie de un acervo teórico, práctico y cultural que como un todo de cuenta de un profesional de excelencia. El conocimiento sin práctica genera un “teórico en las nubes”, la práctica sin conocimiento indica un profano con sabiduría de prueba y error.

Lo anterior da cuenta de la dialéctica que se da entre la formación inicial, la formación de posgrado y la generación e integración de los saberes, por lo que están en unidad y contradicción a la vez.

La unidad está dada en que la construcción de nuevos conocimientos en el posgrado promueve la combinación entre lo conocido y lo nuevo por conocer, desde y para el ejercicio de la profesión, atemperados con la realidad de esta enseñanza y sus niveles de exigencias, en sintonía con las necesidades actuales del contexto laboral en particular y de la sociedad en general, si existe un proceso lógico de formación posgraduada en este sentido que provoque la transformación mental en el individuo y de la posibilidad de un proceso de cambios en el contexto, como premisa, condición y resultado de la propia formación consciente del sujeto.

La contradicción está dada en que en la propia consecutividad de la educación posgraduada se transforma la formación inicial del docente y el mismo se podrá apropiar, construir y aplicar nuevos saberes a un nivel cualitativamente superiores, desde la auto reflexión, auto valoración, auto determinación, auto desarrollo, auto dirección, los valores, etc., como recursos que les permiten al sujeto alcanzar niveles cualitativamente superiores de capacidad transformadora humana, enfrentar conflictos, contradicciones y tomar decisiones, sustentado en la selección inteligente entre varias alternativas, como expresión de la posterior generalización de los saberes adquiridos y su contextualización en la práctica social y esencia de la generación e integración de estos saberes en el desarrollo de profesión.

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