Diversidad y prácticas educativas inclusivas

Santiago de Cuba, 31 de oct.- La humanidad, desde sus orígenes, ha sido muy diversa. Una diversidad en que las personas se manifiestan de diferentes formas ante determinadas actividades o situaciones.

Este fenómeno, observado primero a nivel de sociedad, se revela en nuestras aulas donde existen una gran heterogeneidad, tanto en lo cognitivo como en lo educativo, por lo que se impone la necesidad de concebir una estrategia pedagógica mediante la cual se pueda atender la diferencias individuales de los educandos.

No se trata de realizar acciones de homogenización, ni individualizar las acciones docentes, sino de diversificar la oferta educativa, de modo que a todos los satisfaga y los educandos puedan alcanzar los objetivos declarados para cada nivel educativo.

Las prácticas educativas inclusivas se han centrado de manera importante en cierta medida sólo en la discapacidad intelectual, donde por demás han sido circunscritas, fundamentalmente en las decisiones de naturaleza curricular diferenciadas, correctivas y compensatorias.

Es por ello que, hoy día se convoca la necesaria apertura hacia el redimensionamiento del alcance de la inclusión educativa, con vistas a colocarla en el amplio diapasón educacional que abarca la atención educativa de todo el universo de educandos.

La labor preventiva en el ámbito educacional es crucial. No sólo se anticipa y prevé todo lo relacionado con el logro de aprendizajes que conduzcan al desarrollo personal, sino también para promover la salud, asumida en este caso, como el completo estado de bienestar físico, mental o psicológico de los seres humanos.

Para ello, se hace necesaria una prevención dirigida a garantizar un clima socio psicológico ideal, para educar alejado de riesgos que puedan atentar contra la integridad de los educandos. La inclusión educativa encierra un conjunto de ideas que orientan a la Pedagogía en una dirección particular.

Cuba reconoce el derecho que poseen todos los estudiantes de obtener una educación de calidad, independientemente de sus particularidades o características, con miras hacia el condicionamiento de las variabilidades de su desarrollo y de la misma manera, su inclusión social como individuos que pueden disfrutar de las posibilidades que esta les ofrece.

El análisis anterior permite comprender que la calidad de la educación cubana va en busca de perfeccionar a nivel institucional un proyecto educativo ajustado a las necesidades de todos los educandos, basadas en la equidad y la igualdad de oportunidades, la participación activa de estos en el proceso, el respeto a las diferencias individuales y su aceptación, desde un ambiente de total acogida para todos a estar, pertenecer y permanecer.

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