Dos Palmiches importantes

Desde mi nacimiento siempre estuve cerca del campo porque mi madre, nacida y criada en lo intrincado del Cruce de las Lajas municipio de Contramaestre, aunque mi padre la trajo a vivir para la ciudad, jamás abandonó su lugar de origen y era obligatorio que a las más mínimas vacaciones, estuviéramos metidos de a lleno, en un ambiente natural entre animales y sembradíos…

Se lo comentaba recientemente a mi nieta y le hablaba de la costumbre de matar uno de los “machos”, apenas llegábamos, cerdos de una raza negra que se mantenían cebados en corrales sólo por la obra y gracia de los desechos de la comida, los residuos de cosechas y por supuesto, criados con palmiche…

Seguí la conversación con mi nieta, hoy ya toda una adolescente, y no me di cuenta que el código comunicacional No funcionaba del todo, hasta que me preguntó que si a los puercos los cuidaban los caballos para que No se los robaran… Sí, porque al hablar de Palmiche, pensaba en el equino de Elpidio Valdés, al que de niña amaba y pintaba por doquier…

Las explicaciones tuve que ampliarlas a que en ese tiempo, No se veía el cerdo blanco al que ella está acostumbrada… En la finca de mi abuelo,  todos estos animales eran negros y tenían muy buen engorde y al sacrificarlos se sacaba una manteca con un sabor más que delicioso que se  envasaba en latas de las llamadas de gas en la que se mantenía la carne sin que jamás se echara a perder…

Hoy cuando la necesidad ha hecho volver a la apuesta por el rescate del cerdo de capa oscura, me digo cuánto un país como el nuestro ha ido dejando atrás, costumbres que NO debían haberse perdido aún sin negar el desarrollo que lleva a mayores rendimientos…

Y lo del palmiche como alimento de los “puercos” ni hablar de sus ventajas, aún cuando mi nieta lleve en mente sólo al caballo de guerra del coronel Elpidio Valdés que utilizaba en los combates, entrenado para no temer a las balas e ir a la carga sin miedo sobre el ejército español, pero además, propenso a las travesuras, medio bobo en sus enamoramientos, emprendedor de aventuras por sí mismo, una vez que deja de ser pequeño y se convierte en maduro e ingenioso.

¡Como olvidar estas historietas que todos sin excepción hemos amado y por otro lado este alimento de tantos años!…

Me senté entonces con mi nieta y hablé de uno y otro…

Entre los costos secundarios del progreso, están los olvidos involuntarios que vuelven hoy con la asfixia de un bloqueo recrudecido y hasta resucita ese oficio de desmochador de palmas del que tampoco ella ha escuchado hablar… Sí, de ese trabajo “mezcla peculiar de deporte de alto riesgo y habilidades guajiras transmitidas a través del tiempo en el propio ámbito familiar”, y menos mal que No perdido del todo al punto que hay provincias ya con eventos competitivos sanos para demostrar las mañas individuales e intercambiar experiencias entre veteranos y bisoños en el arte de escalar palmas soga en mano con todo el riesgo que implica…

Y del otro Palmiche, ese que ella ha conocido siempre, claro, No me dejó ni hablar… Sabe que fue un caballo muy valiente que bailaba flamenco, corría más que el tren, mataba moscas con las herraduras, nadaba debajo del agua, peleaba con otros caballos como judoka, tomaba café en un tazón, escalaba montañas y hasta cabalgaba mientras Elpidio dormía usándolo como cama. 

 Me alegra que ya ella hoy conozca a los dos palmiches y sin confusión…

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