Educación para la participación

Santiago de Cuba, 26 de jun. – La participación involucra personas y grupos de disímiles orígenes, intereses y formaciones, es por ello que se trata de un problema, una visión compleja y transdisciplinaria.

Ahora bien, es importante señalar que la capacidad de participación se adquiere, o se nace con ella, por tanto, en la complejidad de las relaciones humanas y de las relaciones interpersonales, participar es una actitud a aprender.

Es indudable que el nivel de comunicación interpersonal y el marco donde se producen estas relaciones influyen significativamente en la participación, pero, aún en las mejores condiciones en que esta se establezca, resulta indispensable  enseñar a participar.

En la relación entre varias personas, con iguales o diferentes profesiones se pueden producir diferentes modos de vinculación para llevar a cabo alguna tarea que implique la interacción entre todos: la cooperación, la coordinación y la integración.

  • Cooperar es trabajar y accionar juntos para lograr un propósito, donde se unen los esfuerzos de varias instituciones o profesionales, sin embargo, esto no modifica la razón por la que ellos existen frente a los objetivos trazados: simplemente trabajan juntos, pero cada uno desde su posición en un determinado momento.
  • Coordinar exige una concertación, requiere armonizar los esfuerzos que cada quien debe aportar en la interacción.
  • Integrar en un proceso que implica actuar como un todo, una diversidad de partes, es hacerse parte de una unidad de acción, por tanto, la actitud que se requiere para integrarse es cualitativamente diferente, que la de cooperar y coordinar las que a su vez están incluidas en la integración.

Ahora bien, por lo general los profesionales habituados a defender sus conocimientos disciplinares, se aferran a su posición frente al resto de los que participan, todo lo cual apunta a la necesidad de cambios de rol para lograr la inserción adecuada de estos a los procesos participativos.

Por otra parte en la complejidad de los procesos sociales, tanto los conocimientos académicos como la sabiduría popular – sus lógicas experienciales y la tradición –necesitan de un trabajo educativo que apunte hacia su complementación en pos de la solución de los problemas sociales que emergen de la realidad objetiva, en tanto, la interacción de ambos es la que propulsa un futuro mejor. 

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