Educar con afecto tiene su recompensa

Santiago de Cuba, 22 de oct. -En la educación integral y plena de las nuevas generaciones no debería faltar nunca un matiz de afecto, de cariño, aspecto importante para garantizar la formación de hombres y mujeres más virtuosos, dignos, sanos de mente y alma, y capaces de asumir tareas con mayor disposición y posibilidades de coronarlas con el éxito.

Los maestros y profesores no deben temer de entregar un poco de amor en cada clase, lo cual no desentona con su condición de guías rigurosos del proceso de aprendizaje, porque tal proceder influye positivamente para fomentar en los alumnos cualidades que redundarán en personas de bien en el futuro.

En este hermoso camino de forjar mejores seres humanos hay que tener presente las raíces martianas de la educación cubana y hacer valer, no solo con palabras sino con acciones, su advertencia desde pasados siglos: “Hombres recogerá quien siembre escuelas”, y “Besos recogerá quien siembra besos”, en auténtica alusión al valor de los afectos en las relaciones interpersonales.

Esas reflexiones del Apóstol de la independencia de Cuba poseen plena vigencia en la formación de las nuevas generaciones y en el papel que en ese sentido corresponde desempeñar a la familia, máxima responsable de crear hábitos de convivencia y una conducta social y moral que propicien relaciones positivas desde la cuna, para lograr adecuado comportamiento a nivel social.

Padres, madres, abuelos, abuelas y tutores deben estar conscientes de que casa y escuela constituyen un binomio de gran alcance y ellos representan la mano derecha del centro escolar en la creación y defensa de valores en los niños, niñas, adolescentes y jóvenes.

Ese cimiento es la base vigorosa y firme para promover actitudes que tributen a la honestidad, la honradez, la laboriosidad, la lealtad, la solidaridad  y otras virtudes imprescindibles para el ser humano en el decursar de la vida.

Aunque en cuestiones de educación, en el seno del hogar  no hay receta, sí hay un elemento que no puede soslayarse en el fomento de buenas relaciones y es la comunicación en el seno familiar.

Hay que saber qué hacen los hijos, qué les gusta, con quiénes se reúnen, pero el intercambio debe ser diáfano, franco, directo, en el cual no falten muestras de ternura, en aras de provocar posturas y actitudes edificantes que casi siempre la vida premia, sin frases ambiguas ni posiciones acusativas que dificultan el diálogo.

No basta con sentir afectos, es preciso demostrarlo; hacerles partícipes del cariño y respeto que profesamos por los padres, hijos, abuelos y hermanos, e incluso, por los amigos; demostrar quiere decir que es necesario que la persona sepa cuánto la apreciamos y queremos.

Buscar el momento oportuno para reuniones familiares, que no sea únicamente para la advertencia  y la reprimenda; darles espacio también a la congratulación y al beso por una buena nota o una buena acción, contribuye al desarrollo de una convivencia armónica y probablemente feliz.

Estos son pasos y actitudes importantes en el seno del hogar para asegurar que la escuela tenga mayores éxitos en el desarrollo del proceso docente-educativo y en la formación integral de las nuevas generaciones como segura vía de lograr un prometedor futuro para todos.

Debe otorgársele la prioridad que merecen esas acciones en el interés de forjar hombres y mujeres no únicamente dotados de vastos y útiles conocimientos y un acervo cultural amplio, sino de cualidades que los conviertan en mejores seres humanos.

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