El 2019 en la balanza

Santiago de Cuba, 25 de dic. – Quisiera avizorar el nuevo año con todos sus detalles. Pero, como el intento sobrepasa mis capacidades, me limito a poner al 2019 en la balanza, a mencionar algunos hechos básicos. En un trabajo posterior haremos un recuento pormenorizado, porque importa recapitular lo hecho y, sobre todo, valorar lo que nos falta por hacer en esta ciudad hacendosa llamada Santiago de Cuba.

Creo que podemos calificar al periodo que termina como particularmente tenso, debido fundamentalmente a coyunturas internacionales aciagas, lideradas por el bloqueo norteamericano.  Y debemos hablar de problemas irresueltos, tomarlos por el cuello. Es duro admitirlo, pero hay problemas que nos maniatan y pese a esta realidad, los desafíos, los errores, que caben en cualquier parte, pese a todos los entuertos, seguimos adelante.

Tenemos cifras que evidencien logros. Solo un ciego o un oportunista: los   aguafiestasnuncafaltan; solo alguien dispuesto a no ver o a ver solo lo que le conviene, negaría los avances. Hay datos obvios, pero ya adelantamos que los daríamos cuando comience enero. No obstante, quisiéramos comenzar por repasar situaciones, hechos y procesos que nos conciernen y que a veces consideramos ajenos porque vivimos en un mundo otro, diferente, pero interconectado.

Como latinoamericanos nos debería interesar lo que sucede en América Latina. En Chile Piñera reprime a su propio pueblo, el mismo que lo eligió como presidente; revive el nefasto Pinochetismo. La represión no es contra los estudiantes, aunque se ensañe con ellos, es contra el futuro. Piñera y sus acólitos lo saben; claro que lo saben. Por lo menos el Presidente chileno logró implantar un record: convertirse en el mandatario con mayor desaprobación del país después de la llamada democratización. Si  se  concediera el premio a la impopularidad presidencial, sería un buen candidato.

En Brasil liberaron al expresidente Lula, como le decimos acá, tras una fuerte campaña nacional e internacional en su favor. En Bolivia Evo Morales fue víctima de un golpe de estado ejecutado por la derecha, la policía y el ejército confabulados. Ustedes saben de dónde procede el guion. En Colombia hay marchas continuas. La gente sale a la calle a reivindicar promesas conculcadas, protesta y el gobierno, para no ser menos que los golpistas bolivianos, reprime. Y aun con hechos tan evidentes todavía hay gente que no son ricos y defienden el modelo neoliberal; todavía hay incautos.

Aquí en la Cuba, chiquita en extensión y recursos, pero grande en moral, aquí en Santiago ponemos el 2019, en la balanza. Ha sido un año de resistencia, signado por momentos esenciales, quizás el más importante sea el desarrollo del nuevo modelo económico social de la Revolución y nuestra capacidad colectiva para concretarlo exitosamente. Es importante subrayarlo, en ello le va la vida al país.

Ya hablaremos de nuestros logros y de nuestras fallas: podemos empezar por el final de esta narrativa que nos compete. Hay que ponerse las manos en el pecho o en el corazón, que es casi lo mismo, y reconocer sin miedos, que las limitaciones nos lastran, las que dependen de otros y las que de algún modo nosotros no acabamos de resolver. Y hay que hacerlo con la certidumbre de que problemas aparte, si trabajamos con tenacidad avanzaremos. Para ello hay una fórmula clave: hacer mejor las cosas, esa es la invitación para fin de año de este redactor.

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