El 8 de marzo y los abrazos

Santiago de Cuba, 21 de mar. – Un amigo entrañable afirma que no tiene sentido declarar el 8 de marzo o cualquier otra fecha como día de la mujer, porque ese hecho es discriminatorio. Probablemente desde el ánguloque enfoca el asunto tenga razón porque venimos de una mujer y deberíamos reverenciarlas todos los días. Pero, lo mismo podríadecirse del día de las madres, de los padres, de los estudiantes, del campesino… Quizás lo que se pretende alsubrayar estas fechas es enaltecer sectorespoblacionaleshistóricamentedesfavorecidoso a los cuales queremos destacar para estimular su compromiso social. Estas son posibles explicaciones, seguramente habrá otras.

Sesudos razonamientos aparte me parece bueno que hagamos un alto en el camino. Tal vez sería pertinente hablar del día de la mujer como sinónimo el díade los abrazos. Mas, la vida está llena de tal vez. Creo que el 8 de marzo, por estar anclado en nuestra memoria histórica y ser parte de lo mejor de nuestra tradición humanística, es buena fecha para para resaltar el protagonismo de la mujer, la santigüera, la cubana; la mujeres de todos los tiempos y latitudes. Creo que una excelente oportunidad para el discurso de alabanza porque no siempre reconocemos lo obvio: venimos de una mujer, somos su resultado; sin ellas fuéramos nada. El 8 de marzo es día para el agradecimiento.

Por lo anterior insistimos en las múltiples razones que concitan al homenaje, entre ellas un extraordinariamente simple: no se trata de celebrar el día de la mujer en abstracto, sino el díade la mujer en concreto. Y es que Cuba no se concibe sin sus mujeres, in ellas no fuéramos los mismos. Desde Guáimaro hasta la actualidad, desde Ana Betancourt o Mariana Grajales, desde Vilma Espín o Asela de los Santos, las mujeres cubanas suscribieron una historia indeleble. Sin ellas seríamos otros, si es que algo seríamos.

En un artículo publicado por el periódico Granma con el título “Una fecha con rostro de mujer” (8-3-2019), la verdad está dicha. Desde la alabanza a un hermano, Gabriel García Márquez, la periodista Ana Palomino la explica con palabras tan bellas que me limito a parafrasear. La autora cita a Bukowki, a Engels, a la ONU  misma y sus documentos sobre la situación global de las féminas y se detiene en nuestro entorno.

La periodista repasa la situación de la mujer en el injusto mundo en que vivimos donde predominan, entre otras llagas y mal formaciones sociales, la discriminación de las mujeres víctimas favoritas de la desigualdad y el escarnio. Al mismo tiempo exalta a mujeres con mayúsculas y nos recuerda las deudas que tenemos con el sexo femenino, aún en una sociedad como la cubana donde la mujer es protagonista, pues sin suparticipación la realidad cubana sería impensable, sería un fraude.

Prefiero pensar, y disculpen el atrevimiento, que en esta fecha deberíamos insistir en lo cotidiano, y es que siempre hay una mujer al alcance de la mano y creo que el 8 de marzo es una oportunidad para el abrazo cómplice: ya la vida se ocupará de establecer su juico, de decir la última palabra. Pero, no caben las dudas, esa palabra será en favor de nuestras féminas esas que a pesar de estar tan cerca a veces  desdeñamos o en el mejor de los casos las asumimos como personajes secundarios en una historia donde hay demasiada evidencia de que son protagonistas  en la vida social y personal.

Una buena mujer –lo de bueno huelga-es un oasis, una almohada, un pensamiento orientador, un alucinación veraz, una cosecha de certidumbres, un aliento  para compartir aún las derrotas, un bálsamo para la duda, una manera para consultar al corazón, para pedirle permiso y seguir viviendo. Las mujeres tienen su sitio privilegiado, antes de ellas solo el país y resulta que también ellas son el país, porque no hay causa posible sin su concurso, no hay causa limpia si falta una mujer para hacernos mejores.

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