El conocimiento de la historia

Santiago de Cuba, 18 de mar.- Radio Rebelde ofreció recientemente una información relacionada con los exámenes de ingreso  a la educación superior.

El año pasado alumnos que aprobaron la prueba de Matemática no tuvieron la misma suerte en la de Historia y este hecho resulta llamativo: estamos habituados a pensar que dominar las  ciencias exactas implica, como regla, un desafío superior, por eso sorprende que varios estudiantes que tuvieron éxito en el examen de Matemática desaprobaran Historia; a primera vista es contradictorio y nace la pregunta

¿por qué?

Cualquier respuesta debe ser cuidadosa, porque el asunto es preocupante  e implica interrogarse, averiguar qué es lo que sucede.

Queda claro que el conocimiento de la Historia de Cuba es básico para saber quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos. Este problema trasciende lo pedagógico, sobre todo porque se trata de un país con una trayectoria histórica tan rica como la cubana.

¿Qué sabemos de nuestra historia?

Están los libros y los hay excelentes; están los medios que nos recuerdan las fechas históricas, está el Canal Educativo internacionalmente reconocido por sus empeños y, por supuesto, la escuela que en todos sus niveles de enseñanza ofrece contenidos abundantes relacionados con el tema y está: ¿por qué no?, la familia. Entonces resulta lícito indagar sobre el problema.

No soy el más indicado para dar una repuesta concluyente y, además, no creo que haya  una  respuesta única; solo puedo sugerir y correr el riesgo de equivocarme que en asuntos como el que nos ocupa es preferible al silencio. A los especialistas en pedagogía, en metodología, le corresponde valorar y de conjunto ofrecer respuestas capaces de funcionar en los  nuevos contextos.

Cuando leemos textos de tanto interés como la Historia de Cuba (1492-1898), de Torres-Cuevas y Oscar Loyola, nos percatamos de que hay elementos atractivos de la historia nacional que apenas conocemos o no le brindamos la atención requerida, por ejemplo el aporte de Cuba a la independencia de las 13 colonias, los futuros Estados Unidos quienes, olvidadizos, han hecho todo lo posible por destruir una nación que tanto contribuyó a su formación como estado nacional.

Por otra parte el análisis de las posiciones del patriota tunero Vicente García se han limitado al conocimiento de los historiadores, cuando la Historia es demasiado importante para dejarla exclusivamente en manos de los especialistas o la actuación de Salvador Cisneros Betancourt a quien por estos días se le rindió merecido homenaje en el evento realizado en su ciudad natal: Camagüey.

A veces tenemos la impresión de que existe temor de afrontar los hechos y sus protagonistas  en sus ineludibles contradicciones. A veces nos parece que deberíamos insistir tanto en los ejemplos señalados como en hitos como, por ejemplo, lainvasión de Oriente a Occidente, protagonizada por Gómez y Maceo. Durante esta batalla épica Martínez Campos, hombre de singular pericia, contaba con 18 900 soldados y los mambisescon 4 000: la proporción era  de 50 españoles por cada cubano. Martínez Campos llegó a disponer de un cuarto de millón de efectivos y no pudo evitar la invasión considerada “la hazaña político militar más grande del siglo XIX en América Latina”.

Otros hechos son mejor conocidos por su cercanía temporal, pero no podemos darnos el lujo de obviarlos, aún en sus interioridades y contradicciones: la historia dista mucho de ser plana y para comprender su interrelación con la política hay que asumirla con todos sus matices, en este sentido difundir hechos reales y atractivos pueden hacerla más interesante, después de todos sus protagonistas fueron hombres de carne y hueso. En tal aspiración me parece positivo acudir a las historias de vida que humanizan a los personajes, como hace de cuando en cuando el programa televisivo la Mesa redonda.

El periodismo tiene la ventaja de la sencillez, la actualidad  y de contar con públicos más amplios queel de los libros, de ser más accesibles a los jóvenes, por eso quise escribir estas páginas acerca de una conversación con estudiantes de primer  año de comunicación social interesados en la historia; porque si saber de dónde venimos debería ser deber de cada ciudadano, piense como piense, es un derecho de  los estudiantes universitarios informarse sobre la historia patria, en especial de los comunicadores porque con su palabra disponen de mayores opciones de influir sobre los demás y al mismo tiempo tienen la potestad que tenemos todos: la de no olvidar.

Por Osmar Álvarez Clavel.

 

 

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