El derecho a hacer el ridículo

Santiago de Cuba, 8 de nov. – Pasó lo que tenía que pasar. Nuevamente la comunidad internacional votó contra el bloqueo comercial y financiero impuesto por el gobierno de los Estados Unidos contra Cuba. La oportunidad para convencerla para que votara en favor del imperio no podía ser peor: el recrudecimiento del bloqueo ha llegado a extremos tan irracionales que rondan la ficción. No le basta con la cosecha de fracasos, parece como si quisieran añadir nuevos tropezones.

Se sabe: los resultados de la votación de la resolución que llama a eliminar el bloqueo fueron contundentes. 187 países en favor, 2 abstenciones y 3 en contra. Sin embargo, hubo quien no perdió la oportunidad para ejercer su derecho a hacer el ridículo, como dijo el ex presidente Rafael Correa al referirse a la farsa escenificada por el auto titulado presidente de Venezuela, el señor Juan Guaidò, encargado de entregara la fuerza una supuesta ayuda humanitaria al pueblo venezolano, rara ayuda que hay que aceptarla por las malas.

La representante estadounidense quiso mostrar que ella también es capaz de hacer el ridículo, y lo hizo de manera rotunda. ¿Habrá alguien tan ingenuo para creer en su discurso? Pues sí, los hay: el ejercicio de los lacayos es práctica vigente. Si hay alguna duda pueden preguntarle a Jair Bolsonaro. Casi seis décadas del sistema de sanciones más severo, injusto y prolongado aplicado contra país alguno, recrudecido hasta lo irracional por el gobierno de Trumpha hecho más visible su carácter extraterritorial. Esta es una de las razones por la cual las medidas intimidatorias no funcionan.

Por 28 años la comunidad internacional condena esta política absurda. El 21 de septiembre de este año el periódico Granma afirmaba: “El bloqueo constituye una violación masiva, flagrante y sistemática de los derechos humanos de todos los cubanos y cubanas. Ningún cubano escapa de las afectaciones derivadas de esta política demencial “. Los daños asciendena 922 mil 630 millones de dólares. Y no se trata solo de dinero: el engendro tiene afectacionesno cuantificables que maniatan esperanzas y prohíben oportunidades a los cubanos vivan donde vivan.

En abril de este año el gobierno del presidente Trumpactivó la aplicación del Título III de la Ley Helms-Burton. Desde 1996 su ejecución se suspendía cada seis meses. Esta decisión provoca daños másseverosaún a la economía cubana, especialmente los relacionados con el comercio exterior y la inversión extranjera. Se trata de una política hostil y obsesiva cuya agresividad remite a la desesperación imperial.

Decía Ramonet que el imperio norteamericano pretende en este siglo, con el apoyo de los medios hegemónicos y con la complicidad pasiva de los dominados, ejercer una opresión afable, un delicioso despotismo. Pero el radicalismo perverso del actual gobierno parece cambiar las reglas del juego y estimula otros radicalismos opuestos que se vuelven contra la humanidad toda. Con ello le dan la razón a quienes describen a EE.UUcomo un gigante que dacoletazos y en consecuencia se tornamás peligroso.

Trumpestá apurado por cavar su propia tumba. ¿El hombre y sus acólitos tendrán algún negocio funerario? Los demócratas van a tener que investigar y los tanques pensantes que pensar. El recrudecimiento del bloqueoes una estrategia bumerang.Si alguien dudaba de su toxicidad,la nueva escalada es elocuente: basta permanecerhoras en una paraday reparar en que a pesar de la falta de combustible debidoalbloqueo, no hay apagones; que los carros paransolidarios, que la gente se une más.

Nunca antes el bloqueo se aplicó con tanto desenfado. Diceel gobierno estadounidensequebeneficia alpueblocubano. ¿Sabrán lo que dicen?Tenía razón Rafael Correa, todo el mundo tiene el derecho de hacer el ridículo. Solo que hayagente que lo ejerce con gusto. Y esa concepciónindividualista de la vida, ese menosprecio por el otrose paga. Por lo pronto la comunidad internacional va cobrando, es su derecho. Y vamos a ver ahora de qué se quejan, porque ellos no ignoran un viejo adagio que reza: quien siembra vientos, recoge tempestades.

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