El derecho a vivir sin violencia debe ser respetado

Santiago de Cuba, 27 de nov.- Una jornada contra la violencia se desarrollará en Cuba del 25 de noviembre al 10 de diciembre, Día Mundial de los Derechos Humanos, aunque la lucha por eliminarla no debe circunscribirse a un período de tiempo sino a cada instante de la vida, sobre todo la que se comete hacia las mujeres y las niñas por razones de género.

El silencio ante ese flagelo tan degradante nunca debe ser una opción; ocasiones oportunas para reiterarlo serán esos días que servirán, especialmente, para estimular las buenas prácticas que movilizan el pensamiento y la acción por una causa muy justa, noble y necesaria.

Como aún falta mucho por acometer para cambiar imaginarios tradicionales que legitiman la violencia hacia ese grupo de la sociedad en Cuba, todos los espacios deben ser útiles para una convocatoria que articula a varias organizaciones, instituciones y activistas y aboga por desmontar mitos y normas tradicionales que enmarcan las relaciones humanas y las concepciones sobre lo femenino y lo masculino.

Con el propósito de visibilizar esas expresiones y llamar la atención para ponerles coto,las Casas de Orientación a la Mujer y la Familia tienen un desempeño decisivo y la responsabilidad de acompañar a personas que viven situaciones de violencia de género, asesorarlas y ayudarlas a que transformen esas realidades, mientras los profesionales de la prensa deben contribuir a colocar en la agenda pública este problema.

La doctora en Ciencias de la Comunicación, periodista, profesora y feminista cubana, ya fallecida, Isabel Moya Richard, propone herramientas para asumir ese encargo en su texto Letra con género, donde hace importantes recomendaciones para la elaboración de productos comunicativos que permitan problematizar en la sociedad cubana los ámbitos de la violencia hacia las mujeres y las niñas por motivos de género.

Con sus acertados análisis Moya Richard pone al descubierto una serie de mitos, medias verdades, estereotipos, manipulaciones y ocultamientos que han sido socializados durante siglos para legitimar el dominio masculino, el poder patriarcal y el uso de la violencia como forma de ejercer y mantener el control sobre lo femenino, tanto a nivel individual como colectivo.

Para entender este fenómeno es preciso tener claridad de que la violencia machista es provocada por las desiguales relaciones de poder entre lo considerado masculino y femenino, que generan prácticas de dominación.

En este neurálgico asunto se impone, como advirtiera hace 70 años la feminista cubano-dominicana Camila Henríquez Ureña, ”… derribar barreras, franquear obstáculos, demoler para que se construya luego, en todos los aspectos, la vida de relación entre los seres humanos”.

Especialistas reconocidas en el país sobre el tema, aseveran que, a pesar de las transformaciones sociales ocurridas en la sociedad cubana, todavía se manifiesta la violencia de género,con todas las implicaciones que para mujeres y hombres ello entraña.

Sin embargo, muchas de sus formas no se evidencian, ya que son propias de otras culturas, o han sido eliminadas o atenuadas, en virtud de los avances en la situación de las mujeres y la aplicación de políticas sociales luego del triunfo de la Revolución, el primero de enero de 1959.

En su ensayo La violencia de género y sus manifestaciones en Cuba, la doctora Clotilde Proveyer, investigadora y profesora de la Universidad de La Habana expone: ”De manera presumible, aun cuando aquí se mantienen presentes muchas de las formas de violencia contra la mujer, la magnitud de este problema es proporcionalmente menor que en otras regiones y países”.

La experta enumera, entre los resultados de sus investigaciones, la vinculación de los delitos de lesiones, homicidios y asesinatos a la problemática de género; victimización femenina producida en esencia en la relación de pareja y en el ámbito doméstico; antecedentes de violencia en las familias de origen de los maltratadores, y no existencia de un perfil especial que identifique a las mujeres maltratadas ni a los maltratadores.

Alerta que no es posible eliminar la violencia contra las mujeres si antes no desmontamos en la cotidianidad de las relaciones de género los valores patriarcales que forman parte de la cultura y que incorporadas al imaginario colectivo mantienen y reproducen la violencia sexista.

Y la violencia hacia las mujeres no solo lesiona el cuerpo, también devora el alma, pues puede expresarse de diversas maneras como física, sexual, psicológica, económica, institucional estructural y simbólica, que es una de las más sutiles al tratar de invisibilizar las voces y los problemas.

Hay que abordar la cultura de paz con formas de relación no violentas en la resolución de los conflictos, para fundar una nueva cultura, la de la equidad.

Por esos caminos se transita, pero todo indica que hay que andar con pasos más firmes y seguros y con mayor celeridad.

De ello está consciente y no se cruza de brazos la Federación de Mujeres Cubanas, una organización que desde su creación ha conquistado justicia social, derechos y oportunidades para su membresía y cada día enfrenta desafíos en pos de la no discriminación por razones de sexo e inclinación sexual.

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