El gran desafío de honrar y preservar los símbolos

Santiago de Cuba, 22 de jul. – La Ley de Símbolos Nacionales de la República de Cuba, aprobada en el III período ordinario de sesiones de la IX legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular, aspira lograr que los ciudadanos los respeten y veneren porque sintetizan lo más auténtico de la identidad cubana.

En ese contexto, José Luis Toledo Santander, presidente de la Comisión de Asuntos Constitucionales y Jurídicos, evocó los orígenes de los símbolos de la nación y aseveró que estos fueron frutos del sacrificio y la rebeldía.

También Andrés Castro Alegría, presidente de la Comisión de Educación, Cultura, Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, señaló que el gran reto ha sido flexibilizar los usos, manteniendo el debido respeto a los símbolos nacionales en el sentido de la consideración y deferencia que merecen por representar la nación y toda su historia.

Establece la ley que, si bien existen otros símbolos patrios que son expresión de las luchas del pueblo en disímiles momentos de su devenir histórico, solo la Bandera de la Estrella Solitaria, el Escudo de la Palma Real y el Himno de Bayamo van a constituir los símbolos nacionales que representen a la nación, tanto en el plano nacional como internacional.

El diputado Eusebio Leal Spengler  refirió que la ley hay que verla como resultado de lo más puro y firme de la conciencia nacional y resume la historia como es, no como quisieran que fuera; representa a este tiempo, aseveró, y añadió: defendamos a los símbolos, hagamos cumplir la Ley.

La alumna de quinto grado Yelina Portuondo, de El Caney,  dice con orgullo que en su escuela le enseñaron a respetar su bandera y ella ha aprendido a quererla como algo muy entrañable, que es parte de su vida.

En principio, la Ley viene a refrendar y afianzar el sentido de respeto que merecen los más sagrados símbolos y que el pueblo tiene el honor de reverenciarlos.

Todos encierran valores y legados, alimentan el espíritu y de hecho lo fortalecen para dar  paso a una vida de entrega y a las acciones más heroicas, que sin esa fuerza tal vez seríamos incapaces de asumir o protagonizar.

Cuando se está lejos de la Patria amada escuchar apenas la música  de esa ardiente estrofa: Al combate corred bayameses, puede provocar hasta las lágrimas.

Ver izar la Bandera de la Estrella Solitaria en lo más alto del podio olímpico o de otra competición deportiva internacional  y contemplar al atleta recorrer el estadio abrazado a tan entrañable símbolo, suscita  emociones únicas.

Cada uno tiene su historia vinculada al acontecer de este archipiélago donde se ha nacido y muchos quisiéramos también morir, para ser enterrados a la manera de la poetisa cubana, recientemente fallecida,  Carilda Oliver Labra: Con toda la tierra encima.

La música del Himno fue estrenada el 11 de junio de 1868, pero no para acompañar el combate, sino en funciones religiosas. Días más tarde, el 20 de octubre, la melodía iniciada en la iglesia regresó a la Plaza central de Bayamo, donde el pueblo celebraba la victoria de los mambises sobre las fuerzas españolas.

En ese instante, el patriota Perucho Figueredo pidió papel y pluma y sobre la silla de su caballo escribió esos versos guerreros que constituyen hoy la letra del Himno Nacional.

Cuentan que cerca de la Plaza, en el lugar donde estaba confinado, por las huestes cubanas, el teniente coronel Julián Udaeta reconoció la música escuchada en la iglesia, y expresó: “Yo sabía que no estaba equivocado; no era música religiosa, sino una marcha patriótica”.

El Escudo, dibujado en 1849 por Miguel Teurbe Tolón, tiene la configuración de una adarga ojival, en cuyo cuartel superior aparece enmarcada entre dos extremos de tierra una llave dorada sobre un mar azul, que representa la posición de Cuba entre las dos Américas y un sol naciente que simboliza el surgimiento de una nueva nación.

Está avalado por una rama de laurel y otra de encina, símbolos de la victoria y la fortaleza, y descansa sobre un haz de varas que encarna la unidad de los cubanos, coronado por el gorro frigio de la libertad, con la estrella solitaria, alegoría de una sola e indivisible nación.

La Bandera, diseñada también por el escritor, poeta y dibujante Teurbe Tolón, fue izada por primera vez en 1850 por los miembros de la expedición libertaria de Narciso  López, y se adopta como Enseña Nacional el 11 de abril de 1869, por la Asamblea Constituyente de Guáimaro.

Siempre ha estado en nuestras luchas por la libertad, ayer junto a los mambises y rebeldes; hoy, acompañando a los cubanos en incontables batallas dentro y fuera de sus fronteras.

Cuba atesora héroes y mártires, museos y monumentos, los mausoleos que guardan los restos de Martí, Maceo, Céspedes, Agramonte;  tiene a Fidel. a Camilo, al Che, a Almeida; posee tradiciones, combatientes del Ejército Rebelde, Héroes del Trabajo, personalidades míticas de la ciencia, la medicina, la pedagogía, la cultura que son patrimonios de esta nación forjada con la gloria de sus mejores hijos.

Preservar tan rico legado constituye el gran desafío ante un mundo globalizado y frente a un imperio que quiere hacer prevalecer su hegemonía a toda costa y a todo costo.

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