El heroísmo de Girón perdura en el pueblo

El pueblo cubano sigue y seguirá siendo por siempre digno depositario y continuador de la gloria, la virtud y el ímpetu de quienes iniciaron el camino por la total e irreversible independencia y de quienes hicieron honor a ese ejemplo en Playa Girón.

Son millones los que en este abril de historia y de victoria atesoran intacto en la sangre el valor de los mambises, de los rebeldes, de cada hombre y mujer que ha entregado su vida por esta Revolución que ha cumplido los sueños de Céspedes, de Maceo, de Gómez, de Martí, y de Fidel, que los hizo realidad.

Esa única revolución,con su clarinada un precursor 10 de octubre, continuada en el grito redentor de un 24 de febrero y retomada un memorable 26 de julio y que en abril de 1961proclamaba su carácter socialista, en vísperas de una invasión mercenaria que pretendía arrebatarnos la libertad, conquistada con la sangre de sus mejores hijos.

Salvaguardar la revolución socialista «de los humildes, por los humildes y para los humildes» fue la orden de combate que diera el Comandante en Jefe Fidel Castro, y la Patria contempló orgullosa a esos nuevos mambises que con las notas del Himno Nacional en la garganta y en el alma se aprestaban a luchar por el proyecto social más humano y justo que nunca antes hubiera conocido el hemisferio occidental.

Los hijos de esta isla que combatieron en Playa Girón y derrocharon coraje para defender su tierra libre y soberana, sienten satisfacción por haber hecho ese aporte valioso a la Patria y quienes tienen la dicha de conocerlos y tenerlos cerca en el barrio se ufanan de contar con su presencia.

Así sucede con el santiaguero Agustín Castellanos Pacheco, que confiesa ser un cubano muy afortunado y no oculta su sano orgullo por haber sido protagonista de la batalla de abril de 1961, cuando Cuba le propinó la primera gran derrota al imperialismo yanqui en América.

El veterano luchador tiene la costumbre de hablarles con frecuencia a la familia y a las nuevas generaciones del heroísmo con que se defendió el suelo patrio en las arenas de Girón, como una manera de enseñarles que hay que salvaguardar la libertad y las conquistas sociales de la Revolución a cualquier precio, subrayó.

Lo que más me estimuló en Girón, recordó, fue saber que Fidel, nuestro invicto jefe, estaba al frente con su tanque, dirigiendo con el ejemplo y la sabiduría militar la acción para obtener la victoria y frustrar los planes de los Estados Unidos, que nunca se conformaron con la gallarda rebeldía de esta Isla.

Además de las situaciones difíciles del combate, me impresionó ver a los mercenarios huyendo acobardados ante el empuje de nuestras fuerzas, que más que en armas era en moral y en los ideales sagrados que defendíamos, acentúo.

Castellano Pacheco refirió que una buena parte de los combatientes eran jóvenes y algunos casi niños, como ahora en que la juventud ocupa tareas esenciales en el país con alto compromiso, muestra de que ese segmento ha dado el paso al frente siempre y es garantía de continuidad y de futuro.

Destacó que hoy se escribe otro Girón para la historia, cuando en manos de jóvenes nacidos con la Revolución, junto a fogueados revolucionarios están las riendas del país, seguros de que sabrán llevar adelante los destinos de una nación que nunca cederá ante las presiones del imperio ni se pondrá jamás de rodillas.

Tengo mucha confianza en que nuestro proyecto social seguirá adelante ylos dirigentes cuadros lucharán por servirle bien al puebloporque tienen como bandera el ejemplo de Fidel y de Raúl, dijo el fundador del Partido Comunista de Cuba de 88 años.

Castellano Pacheco es un hombre sencillo de espíritu insurrecto que lo llevó a ser combatiente del Ejército Rebelde en el II Frente Oriental Frank País, que fundara el entonces Comandante Raúl Castro, el 11 de marzo de 1958, adonde llegó como parte de los refuerzos de luchadores clandestinos de la ciudad de Santiago de Cuba.

Tuvo el gran honor, además, de integrar la Caravana de la Libertad con Fidel, por lo que vivió intensamente los días de la victoria y la entrada triunfal a La Habana, el 8 de enero de 1959.

Escrito por Aída Quintero Dip

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