El lenguaje del abanico

La isla de Cuba y sobre todo este Santiago de Cuba, es de un clima calurosamente sofocante, sofoco que sus moradores alivian aligerando sus ropas, bebiendo líquidos muy fríos o sentándose en las aceras de las calles a conversar hasta altas hora de la noche para refrescar el calor.

Por supuesto que eso de aligerar la ropa, sobre todo las mujeres con tirantes en la blusas y parte de sus torsos descubiertos, son modos y modas de esta era moderna.

La ciudad está por cumplir 505 años y desde aquel entonces: Con la llegada de las modas europeas  y sus grandes y vaporosos vestidos, exóticos peinados y maquillaje incluido, además de los bailes de salón y un poco después la aparición en Matanzas de nuestro danzón que se diseminó por toda la isla con gran aceptación de los bailadores, será el abanico el gran auxiliar del clima, además de convertirse en un instrumento de comunicación ideal en un momento en el que la libertad de expresión de las mujeres estaba totalmente restringida.

Cuando las damas del siglo XIX y principios del XX iban a los bailes, eran acompañadas por su madre o por una señorita de compañía, con el fin de que éstas velasen por su comportamiento. Las señoritas de compañía eran muy celosas en el desempeño de la labor que se les encomendaba por lo que las jóvenes tuvieron que inventarse un medio para poder comunicarse con sus pretendientes y pasar desapercibidas. Entonces el abanico comienza a fugar su papel convirtiéndose en un auténtico lenguaje de señas con todo un repertorio que incluía hasta las declaraciones de enamorados.

Existían ciertos gestos y manipulaciones del abanico con significado ya conocido por todos en el salón de baile

Abanicarse rápidamente, le decía al pretendiente “yo también te amo”, pero: Abanicarse lentamente o de forma pausada, significa “soy una señora casada y me eres indiferente”.

Cerrar despacio el abanico significa un «Sí». Si se abre y cierra rápidamente significa, «Cuidado, estoy comprometida». Cerrarlo de forma rápida y airada significa un «No».

Dejar caer el abanico o se bajarlo totalmente significa: te pertenezco.

Abanicar el pelo para dar aire y mover el flequillo de la frente con el abanico, significa que piensa en ti, que no te olvida.

Ni los más sofisticados medios descubrirían, luego de una fugaz mirada de la muchacha al caballero y después contar las varillas del abanico o pasar los dedos por ellas, que eso quiere decir: “que ella quiere hablar contigo”

Cubrirse del sol con el abanico abierto significa que eres feo, que no la gustas. Apoyando sobre la mejilla el paipay, como también le decían al abanico: Si es sobre la mejilla derecha significa «Si». Sobre la mejilla izquierda es «No». Cuando la joven golpea con el abanico sobre un objeto, significa impaciencia. Pero si sujeta el abanico abierto con las dos manos, significa «es mejor que me olvides»

Uno de los códigos más esperados por jóvenes pretendientes era ver el abanico abierto, porque eso significa «Te quiero», claro que si la muchacha se cubre el rostro puede significar «Cuidado, nos vigilan.

Si la pretendida se pasa el abanico por los ojos significa, Lo siento.

Y si ella cierra el abanico tocándose los ojos quiere decir, «Cuando te puedo ver». Abrir el abanico y mostrarlo. Es muy esperanzador porque le dice al enamorado que “puede esperarla”. Por supuesto es mejor que ella se cubra la cara con el abanico abierto porque equivale a que puedes seguirla después que se acaba el baile

Que logro el del joven enamorado, cuando observa a la joven apoyar el abanico a medio abrir sobre los labios, porque eso es que estás autorizado a besarla.Un movimiento no deseado por el pretendiente es que la joven se pase el pericón, como también se le llama al envarillado artefacto por la mejilla. Eso significa, «Soy casada», o que se deslice el abanico sobre los ojos, porque te están “dando el bate”: «Vete, por favor».

Luego el abanico tiene otros muchos códigos en el caso que lo manejes con la mano derecha o la izquierda, aunque en pleno siglo XXI desgraciadamente a 505 años de la fundación de la calurosa villa Santiaguera, hoy solo se usa el abanico para echarse fresco y espantar mosquitos.

Escrito por Santiago Carnago

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