El mejor lugar el mundo está en un abrazo

Santiago de Cuba, 17 de ene. – El título lo tomo de la doctora Niorvis del Río, quien tiene entre sus cualidades la hermosura, la juventud, la amabilidad y, claro, la de ser doctora. Con todos estos valores a cuestas llega temprano al consultorio médico aledaño al taller de gráfica de Carlos e inmediatamente viene por nosotros. Pide su café y nos saluda cariñosa; al dueño le da un abrazo; y cuando la miramos con suspicacia lo dice: “El mejor lugar del mundo está en un abrazo”. Ignoro si la sentencia es de su cosecha, pero eso es lo de menos. La doctora Niorvis paladea su café y va asus pacientes.

Unos minutos antes de que el 2019 falleciera, experimenté la misma sensación que la doctora del Río. Mi vecina Helen dio un par de gritos que traspasaron las paredes y se fueron barrio adentro: Helen es una persona silenciosa y educada. Yuyo, alborotador por excelencia, me conminó a degustar el cerdo asado por él con recursos propios y ajenos. Prometí contribuir con una botella y cumplí: tenía etiqueta de Havana Club, pero el líquido era de ron Caribe; más el 31 de diciembre esos detalles son insignificantes.

Faltaba casi una hora para el momento culminante de la celebración, pero unos vecinos se adelantaron y nos contagiamos. Muchos lanzaron cubos de agua para la calle, para limpiar la vida, otros hicieron estallar unos cocos, para ahuyentar lo malo. Todos nos abrazamos y nos deseamos felicidades y salud. Para los varones fue el momento ideal: aprovechamos la buena disposición de las damas para el halago y abrazar a quienes no conocemos por dentro, para darle un buen apretón a las mujeres ajenas y pensar en la posibilidad de una perspectiva.

Los santiagueros no necesitamos muchas justificaciones para celebrar. Aunque somos solidarios por naturaleza, el 31 de diciembre lo somos más. Quizás deberíamos fijar la fecha como Día de los abrazos, pues es el instante en que abrazamos sin remilgos, sin complejos, a todo el que se nos cruce en el camino. Es una buen fecha para perdonar, incluso a quienes nos infringieron alguna ofensa menor, para ejercitar nuestra vocación para el diálogo. Es una fecha doblemente significativa: terminaun año y estamos vivos para comenzar el nuevo: el del 61 aniversario del triunfode la Revolución

El entusiasmo y la abrazadera obligarecordar a un artífice de la palabra, a quien no pude conocer decerca: el día que dictó una de sus últimas conferencias – en 2014- fui a la Universidad Nacional de México a verlo.  Hablaría para un grupo de estudiantes y profesores invitados. Yo me auto invité y como los mexicanos son tan amables y son amigos e Prensa Latina entré al teatro sin dificultades. Antes de comenzar la plática el moderador nos pidió que terminada intervención, por favor, formuláramos pocas preguntas y evitáramos los saludos efusivos: Eduardo estaba muy enfermo.

Siempre que hablo de Eduardo Galeano remito a Memoria del fuego, libro mayor de la narrativa latinoamericana y como viene al caso reproduzco su descripción de lo ocurrido en un pueblo cualquiera el último día del siglo XIX, el día dela llegada del fin del mundo: “Hubo quien gastó los ahorros de varias generaciones en una sola parranda corrida. Muchos insultaron a quien no podían y besaron a quien no debían, pero nadie quiso quedar sin confesión. El cura del pueblo dio preferencia a las embarazadas y a la recién paridas. El abnegado sacerdote pasó tres días y tres noches clavado en el confesionario, hasta que se desmayó por ingestión de pecados”.       

Abrazos aparte me entusiasmó la visión del cerdo asado aún en la púa. Cuando por fin lo liberaron en medio de un dulce alboroto, comimos con desenfado y con respeto: un cerdo asado en una púa en el oriente de Cuba es un asunto muy serio. Una hermana de Yuyo, cuya reputación descansa en elnegocio de vender cigarros a sobre precio pero de calidad asegurada y en su habilidad para enterarse las últimas noticias, por lo cual los embromadores del barrio la llaman Radio Rebelde, una mujer aúnjoven repartió la comida: disfrutamos la degustación como una familia, en el fondo es lo que somos.

Mañana ya veremos. Vendrán los problemas, aunque no lo menciones vienen: son testarudos, tienen esa cualidad. Vendrán las quejas, aunque no las menciones, vienen: son insistentes y al menos alivian al quejoso. Y vendrá la vida, la única que tenemos, esa que algunos se entretienen en dilapidar hasta el díacuando no pueden más y reciben o intuyen la confirmación, casi siempre aterrorizados, de que su mundo acaba y que la vida, la misma quedespreciaron, continúa.

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