El orgullo de ser santiaguero

Santiago de Cuba, 14 de ene. – Sabemos caminar con nuestros propios pies, hay quienes intentan hacerlo con los ajenos: tropiezan, resbalan y caen, en ocasiones estrepitosamente. Nosotros andamos con los nuestrosy avanzamos. Estamos habituados a lidiar con obstáculos de todos los tamaños, colores y sabores, estamos acostumbrados a superarlos. No hay alternativa: mirar hacia adelante es imperativo de estos tiempos y hay que hacerlo sin miedos, con el corazón dispuesto y el oído alerta.

En el diario peregrinar, en el continuo batallar contra dificultades, errores y carencias, de cuando en cuando consultamos a los bolsillos. La situación del individuo en su contacto con la realidad es cambiante: una cosa es cuando tienes dinero y otra muy distinta cuando no lo tienes. Ese es el mundo en que nos toca vivir y que nos empeñamos en ayudar a trasformar, en adecentar. Hay quienes ni se enteran, pero los que nos enteramos, como somos tozudos y empeñamos nuestra palabra, continuamos.

Como santiagueros que somos nos resulta fácil cosechar amigos, conversar con ellos o con quien aparezca. Quizás lentamente pero vamos asimilando un aprendizaje:el del diálogo. Dialogar supone voluntad para escuchar el criterio ajeno, respetarlo aunque no concordemos con él. La única condición que ponemos es que se emita con respeto. Pero hay situaciones límites en que cierta propuestas desafían la paciencia más genuina y se convierten en un estorbo para el funcionamiento de la diplomacia; entonces respondemos como lo que somos: santiagueros.

Sucede que hay principios que preservar y cuando de principios se trata seimpone la profilaxis: hay que cortar por lo sano. A veces nos tientan o nos empujan con malas artes y respondemos: nos atrincheramos en nuestra verdad: son seis décadas de Revolución, 61 años de esfuerzos sin cuento, de trabajos y conquistas: hay demasiadas razones que defender y no vamos a cejar. Hay que entrenarse para saber delimitar las propuestas que arropa todo criterio diferente y asumir solo aquellas que de algún modo se encaucen a mejorar lo que somos: el orgullo santiaguero no admite otra posición.

En dos textos publicados en esta página en 2019 con los títulos: “Biografía de un sueño” (junio) y ¿Qué ciudad y que santiaguero queremos? (noviembre), reflexionaba sobre lo que denominamos el ser santiaguero; permítanme volver sobre algunas ideas relacionadas con eltema del presente comentario. Afirmaba que existe consenso a la hora de señalar los valores de la CiudadHéroedela Repúblicade Cuba que son los mismos de sus gentes. No puede serde otro modo porque la principal riqueza de una ciudad como la nuestra, la que la dota de una fisonomía propia, es precisamente su gente.

Santiago de Cuba es ciudad caracterizada por su historia relevante, por su reconocido patriotismo, por su rica cultura popular, por su hospitalidad, por su alegría bulliciosa, por su idiosincrasia peculiar, por una identidad que, chovinismos aparte, la hace única. Sus hijos, para no ser menos que la madre, acopian valores afianzados en el tiempo: son valientes,decididos, solidarios, laboriosos, amigables, rítmicos, musicales… Todos estos valores conforman la idiosincrasia del santiaguero que es la instancia donde se materializa su identidad.

Sentimos orgullo de ser lo que somos y ese pensamiento es imprescindible si aspiramos con todo derecho a ser mejores. En lo personal sueño con unbarrio, con un Santiagoamable, limpio, alegre y responsable. Con una ciudad que conserve los atributos que la identifican, que exija a sus hijos responsabilidad, dedicación, laboriosidad, cortesía, respeto por los valores de la nación; que le exija  total compromiso con la sociedad para que pueden trasladar a los suyos, a sus hijos y  nietos los valores en los cuales se sustenta el orgullo del ser santiaguero.

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