El planeta, nuestra casa común, pide auxilio

Santiago de Cuba, 27 de jun. – Cada vez que se escuchan noticias no muy halagüeñas acerca del deterioro de los ecosistemas marino y terrestre  y del desinterés de muchos por protegerlos, tenemos necesariamente que recordar el pensamiento iluminado del Comandante en Jefe Fidel Castro sobre tan preocupante asunto.

Hace más de medio siglo, algunos comenzaron a expresar inquietudes acerca del medio ambiente, frente a una civilización bárbara  que estaba destruyendo las condiciones naturales de vida, y peligrando la supervivencia en el planeta, nuestra casa común.

Cuando por primera vez se ponía sobre el tapete ese delicadísimo tema, muchos pensaron que se trataba de personas exageradas, pero realmente estaban muy bien informadas, eran inteligentes e iniciaban así la misión de concientizar a la opinión pública, con la angustia de que fuera tal vez demasiado tarde.

Lo más lamentable es que quienes  por sus altas responsabilidades políticas debían mostrar las mayores preocupaciones, reflejaban más bien desconocimientos, y hasta desinterés y desprecio por esa cuestión.

Cada año hay nuevos intentos por hacer algo útil, pero no se avizoran cambios notables. Ante ese gran dilema se celebra cada 5 de junio el Día Mundial del Medio Ambiente, y  más que sentir regocijo por festejarlo con resultados a su favor, la especie humana siente incertidumbre por el futuro del planeta.

De acuerdo con apreciaciones hechas por un estadista tan previsor como Fidel, el acelerado deterioro del medio ambiente clasifica entre los problemas cardinales que agobian al mundo en este milenio, lo cual indica la urgencia de buscar alternativas para salvarlo, si queremos garantizar el porvenir.

El asunto incluye en el mismo rango de prioridad las funestas consecuencias de la proliferación de armas de exterminio  y del incremento de pobreza, hambre, enfermedades, desempleo…

Ahora nos separan más de 20 años desde la Cumbre de Río de Janeiro, convocada por las Naciones Unidas, que contó con la presencia de Fidel, quien había dicho que “pese a la proliferación de discursos, compromisos y promesas, muy poco se ha hecho. Sin embargo, la conciencia del mortal peligro crece. Debe crecer y crecerá la lucha. No hay alternativa.”

Lo más grave aún es que la población mundial seguirá aumentando, según el criterio de muchos expertos, unida a la apresurada degradación de las condiciones naturales  elementales para la supervivencia de la especie, lo que ha causado verdadera consternación en muchos países, sobre todo del Tercer Mundo.

Conociendo  el creciente deterioro y reducción de los recursos de la tierra y el agua, las hambrunas que ocurren en muchas áreas geográficas, la indiferencia y el despilfarro de las sociedades de consumo, así como también los problemas educacionales y sanitarios de la población mundial, si no se resuelven, es  como para imaginarse una gran catástrofe.

Representa un desafío para la humanidad mitigar los daños causados a la naturaleza, preservar los recursos naturales y la especie humana, lo que implica un comportamiento ético sustentado en valores morales humanistas y ecológicos integrados en la educación ambiental.

En Cuba hay preocupación y ocupación  para favorecer acciones en pos de reducir los efectos del cambio climático y fomentar  las que tributen a la Tarea Vida, plan de Estado para el enfrentamiento a ese fenómeno sustentado sobre una base científica multidisciplinaria.

Es bueno recordar que en la conformación de la Tarea Vida, el Gobierno contó con la participación del potencial científico y tecnológico nacional a lo largo de más de 25 años, y al decir del General de Ejército Raúl Castro, Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba, posee “una significación estratégica” para el presente y, sobre todo, el futuro de la nación.

La ministra de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, Elba Rosa Pérez, ha señalado que diversos estudios de peligro, vulnerabilidad y riesgo territoriales para la reducción de desastres nutrieron el conocimiento del tema.

Esta cuestión es como un resorte que inspira y mueve el pensamiento y los brazos de hombres y mujeres  dedicados, por ejemplo, a proyectos de bases ambientales para la Sostenibilidad Alimentaria Local, a fin de promover buenas prácticas agropecuarias y forestales para el manejo del cambio climático.

Asimismo estimula a quienes aportan desde la agroecología y el manejo sostenible de tierras como fuente de vida que contribuye a la soberanía alimentaria y la adaptación a las nuevas condiciones ambientales, especialmente en el sector agropecuario.

Desde los hogares, escuelas, hospitales, fábricas, industrias  y la comunidad, mucho puede hacerse para contribuir a contar con un entorno limpio y saludable, y crear una cultura al respecto, porque la protección de esa casa común que es el planeta es responsabilidad de todos y no admite espera, no es posible dejarlo para mañana.

El daño ecológico y la destrucción del medio ambiente pueden poner en peligro la existencia misma de la humanidad, nuestro  planeta está pidiendo auxilio. Esa es la advertencia hecha muchas veces por Fidel.

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