El que fuma pierde

Rita era una enfermera nativa  de Guisa en la provincia Gamma pero que hizo su vida profesional en la ciudad de Santiago de Cuba. El Centro Gallego fue el Hospital donde ella prestó sus servicios por más de 30 años.

 Por los resultados en su trabajo, ella fue de las mujeres que viajó a la República de Argelia en la década de los 80, cuando  cumplir misión internacionalista era realmente un privilegio reservado no solo para quienes daban su disposición, sino  para los mejores. Ella se sentaba con los niños de la familia a hacer lindas historias con las cuales resaltaba las bondades del  Gobierno y del sistema de salud de este país, pero también expresaba la nostalgia de permanecer por más de 4 años alejada de la familia.

Un serio problema tenía Rita, y es que le gustaba fumar, según ella, una de las secuelas que le dejó estar fuera de Cuba sin apenas saber de sus seres queridos porque aquel no era el tiempo de computadoras, celulares ni de Internet y redes sociales. Había días en que  el nivel de ansiedad era tan elevado, que al terminar una amena  conversación, podía haber consumido entre anécdotas y risas  hasta 8 ó 9 cigarrillos sin apenas darse cuenta porque era uno tras otro.

Ante la advertencia de que fumar daña la salud, ella hizo caso omiso.   

Pero los años pasan, el cuerpo  envejece y en la mayoría de las ocasiones violar lo establecido deja sus consecuencias. Y así ocurrió.   Cuando a Rita   le dijeron que tenía los pulmones al borde del colapso comenzaron las preocupaciones.  A la persistente falta de aire que la agobiaba con sistematicidad, se le unió una tos que en ocasiones la dejaba sin aliento.

Conocer los efectos de una dolencia tiene sus desventajas cuando ésta llega por la falta de prevención.  Aunque siempre hay una esperanza, para esta señora ya no había tiempo. No obstante por el reclamo de  las personas que la amaban mucho por su bondad y para aliviarse del malestar, dejó a un lado el cigarro, y cuando todo parecía controlarse, una enfermedad cerebro vascular la dejó muy delicada hasta que falleció cuando apenas tenía 60 años

Es una historia de vida que comparto con ustedes cuando solo faltan horas para que este 31 de mayo se celebre el Día Mundial Sin Tabaco,  una efeméride promovida por  la Organización Mundial de la Salud y sus asociados, para dar a conocer los perjuicios  que causa el   consumo de tabaco, y trazar  políticas eficaces para reducir este hábito.

Y aunque no está demás argumentar el daño que causa fumar a la economía individual, el olor desagradable que le acompaña en el aliento, el cambio de color que le provoca a los dientes, y hasta el incendio que puede provocar en su propia casa si deja  la colilla encendida en un lugar indebido; la peor consecuencia de esta  nociva  práctica está en los trastornos que causa a la salud.

Padecimientos como   Depresión y Ansiedad;  Asma;  Cáncer;  Enfermedad de Buerger  (afección poco frecuente de las arterias y las venas de los brazos y las piernas), cardiacas y accidentes cerebro vasculares; problemas  en las encías y pulmonar obstructiva crónica, son frecuentes en quienes se llevan  un cigarrillo a la boca  en una forma de  sentirse bien, pero a qué costo…

Ahora, con  la crisis sanitaria que vive Cuba en el enfrentamiento al virus del SARS COV 2, se abre para los fumadores una polémica a resolver y más cuando al examinar las estadísticas la mayoría de los fallecidos han tenido como   antecedente    el cáncer pulmonar y enfermedades cerebro-vasculares. Ojalá que las cientos de Rita que lean esta historia se vean reflejadas en   ella y logren adquirir conciencia de que fumar causa severos daños a la salud y puede provocar   perjuicios irremediables.  En fin, el que fuma pierde.                                              

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