El recuerdo de Fidel en Santiago

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Santiago de Cuba, 4 de Dic.- Siempre Santiago ha sido de Fidel y Fidel para siempre es de Santiago, pero su presencia es mucho más entrañable en la ciudad y su gente desde el 4 de diciembre de 2016, en que  fue sembrado cual fértil semilla junto a su Maestro, el Héroe Nacional de Cuba José Martí, en el cementerio patrimonial Santa Ifigenia.

Allí también acompañan al guerrero de mil batallas otros próceres de la guerra de independencia como Carlos Manuel de Céspedes, el padre de la Patria, Mariana Grajales, la madre de todos los cubanos, más de 30 generales de la gesta independentista, héroes  y mártires de la nación y combatientes caídos en misiones internacionalistas.

En esta tierra heroica y rebelde lo recuerdan con el especial cariño  del hijo o hija al padre tanto el obrero, el campesino, el ama de casa, el estudiante o el intelectual, para honrar al hombre que lo dio todo por el bienestar de su pueblo, garantía de que vivirá eternamente en el corazón de todos.

Lo recuerda el  ingeniero civil René Blanco Heredia que no ha olvidado ningún detalle de aquellas memorables jornadas en que dialogó con el Comandante en Jefe sobre el funcionamiento de la textilera Celia Sánchez Manduley, donde  era jefe de la sección de control técnico constructivo de la inversión.

“Tuve la dicha de acompañarlo en tres ocasiones, primero en abril de 1986, luego el 27 de julio de 1983, en que inauguró el gigante complejo textil,  y tres años después en que vuelve  para analizar problemas de eficiencia de la industria y buscar colectivamente la solución.

“Me impresionó su forma de actuar, con tanta responsabilidad ocupándose y analizando in sito pormenores de una fábrica de importancia para el país, en aras de hacerla eficiente y de lograr los objetivos por los cuales se había edificado. Fue una gran lección para mí que influyó en mi desempeño futuro.

“Percibí  en Fidel cierto sentimiento de regocijo de que aquella fábrica llevara el nombre de Celia, la intrépida guerrillera, pilar en la Revolución. Nos convocó a inspirarse siempre en el ejemplo de la heroína a la hora de asumir la misión productiva que había por delante. Fue el momento más significativo de mi trayectoria profesional y  laboral, qué cubano no siente orgullo de ser contemporáneo de este hombre visionario y excepcional”, expresa.

 Vivencias conmovedoras igualmente tiene Noel Pérez Batista, el locutor que simboliza la voz de la Revolución, junto a valiosos colegas de Radio Rebelde,  quien vivió con intensidad el primero de enero de 1959,  cuando tuvo la oportunidad histórica de enlazar la reconocida emisora  del Ejército Rebelde para dar las órdenes de Fidel.

 “Dígale al Comandante en Jefe que la radio santiaguera está dispuesta a dar el apoyo necesario, hasta las últimas consecuencias”, lo dije así categórico y radical, ya que  conocía bien a la mayoría de los trabajadores del medio  por haber sido testigo de sus muchos actos conspirativos de respaldo a la insurrección nacional.

Lo extraordinario de Fidel es que también se refieren a él con pasión infinita personas que nunca tuvieron el privilegio de estar bien cerquita,  conversar, estrechar su mano o darle un abrazo.

Es el caso de Román Emilio Pérez López, quien le regaló un canto desde la caricatura, ya que con su fino humor criollo ha graficado a Fidel en disímiles formas y situaciones con predominio del color verde olivo de su entrañable traje.

“Reflejé al intrépido revolucionario en el Moncada, desde que desembarcó en el Granma,  cuando alzó los fusiles para proclamar el carácter socialista de la Revolución,  el de la primera fila en las marchas del pueblo combatiente o el que expresó en las Naciones Unidas que hay que luchar por un mundo mejor, porque es posible”, dice con sana satisfacción.

Lo aman con orgullo manifiesto dos muchachas santiagueras, Lorena de la Fe Duany Thompson y Vilmania León Fortuna, que honraron a Fidel al ponerle Alejandro como segundo nombre de sus hijos con la esperanza de que sean fieles al legado del líder.

También Nereyda Barceló Fundora,  la periodista y combatiente que no recuerda otro dolor tan intenso en su vida que la noticia de su desaparición física y luego cuando lo vio envuelto en la bandera en la urna de cedro y lo despidió desde el Parque Céspedes, donde se escuchó el Gracias Santiago en la voz del eterno guía.

 Su recuerdo no se borra de una ciudad donde sus hijos e hijas se abrazaban de dolor apenas sin conocerse y llevaban en el brazo el brazalete rojo y negro del Movimiento del 26 de Julio, en señal de luto y de certeza de que seguirán tras las huellas de su invicto Comandante hasta la victoria siempre.

Por: Aída Quintero Dip.

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