Elia Risco Constantén: una historia para contar en estos 60 años de Revolución

Santiago de Cuba, 16 de ene.- Cuando triunfó la Revolución Cubana el 1 de enero de 1959, Elia Risco Constantén tenía 21 años. Era una de aquellas jóvenes que recibió  la rigurosa educación  de sus padres. “Había que hacer lo que decía papá”, nos dijo con una sonrisa  cómplice, de esas que se dibuja en el rostro cuando uno recuerda con añoranza  tiempos vividos.

“Recuerdo muy bien cuando se dio a conocer  que Batista (Fulgencio Batista Zaldívar, Presidente   derrocado por la Revolución Cubana) había huido del país. En la casa donde vivía, en el Reparto Sorribe  había un radio y papá escuchaba la noticia muy bajito. Él no permitió que saliéramos a festejar. Temía alguna reacción de los esbirros.

P: Entonces Elia  usted, no vivió en toda su magnitud  la entrada triunfal de Fidel a la ciudad.

Elia:  No, no tuve ese honor de ver con mis ojos el día que entró Fidel a Santiago. Esa actitud de mi papá es la mejor muestra de cómo era la educación en mi tiempo y como por lo general  nosotras las mujeres y pobres teníamos muy poca oportunidad para  llevar a cabo nuestra voluntad. Éramos, por lo general,  respetuosas y muy obedientes.

Sin embargo  puedo decirte que uno de mis hermanos, Pastor Emilio Risco Constantén  estaba aliado a los rebeldes,  y  huyendo de los casquitos  se encontraba refugiado en Sagua  de Tánamo, cuidando una finca en un lugar llamado Yirimía. Allí le cogió  el triunfo la Revolución.

Él a los pocos días  bajó a buscarme. Habló con mi mamá  y le dijo que el dirigente de la Asociación  Campesina, como yo sabía leer y escribir,  quería que  diera clase en la comunidad serrana de  El Rosario. Eso me alegró mucho.

P: ¿Cómo logró que la dejaran ir?.

Elia: No fue fácil. Tuve que ponerme dura y decirles a mis padres que yo estaba en condiciones de apoyar a la naciente Revolución, y mostré la decisión de ir con mi hermano a ese lugar.   Ni sé de dónde saqué  esa fuerza. Fue la primera vez que exteriocé esa energía que llevaba dentro.

Recogí mis pertenencias y marché hacia Sagua de Tánamo.  Allí habían construido un local para impartir las clases y fui muy bien acogida por el personal de la zona.

Tengo lindos recuerdos de ese tiempo  previo a la Campaña de Alfabetización. Me alojaba en la casa de un campesino llamado Perico y recibí buen trato de la familia. Tuve que  montar a caballo porque la escuelita improvisada quedaba muy lejos.  Allí atendí a 60 alumnos durante 4 meses.

Ese fue un período de mi vida que no olvido. Ahí comencé a saber el significado del inicio de nuestra  Revolución.

También tuve la dicha de responder al llamado de Fidel y  alfabetizar en esa misma zona de Sagua de Tánamo donde ya los campesinos me conocían. Así comencé mi vida  de compromisos con una  sociedad que iba hacia un cambio y quería ser parte activa de esas transformaciones.

La anécdota que me relató esta mujer que pasa de los 80 años,  bajita y de carácter afable pero firme,  fue breve, pero suficiente para entender el por qué a ella le dicen la seño Elia, pues desarrolló su vocación de maestra hasta graduarse del Instituto Pedagógico Makarenko en 1964.

“Ni imaginar que luego de vivir los duros tiempos de la dictadura, en una etapa que los maestros apenas tenían asegurada un aula para ejercer su profesión, yo tendría la oportunidad de ser una de las maestras Makarenko graduadas  para ir a trabajar primero en la montaña y luego fui maestra de quinto grado en una escuelita  que estaba en el Reparto Sueño que ya desapareció”.

“Seguí mis estudios e impartí Español-Literatura en la  Secundaria Básica Luís Mariano Pozo en el Micro 9 del Distrito José Martí. Adoraba mi trabajo como educadora, lo disfruté como nadie y traté de hacerlo bien”

Elia se jubiló en 1993, con más de 30 años de ejercicio en la hermosa profesión de educar. Según expresó en la conversación, los niños del barrio iban a su casa, y ella con ese talento y amor a su profesión, compartía con los pequeños y con los adolescentes  sus conocimientos hasta que decidió recesar  sobre todo, porque le faltaba el tiempo  para realizar esta labor.

Y es que esta santiaguera no se detuvo ni un instante y hasta hoy mantiene una actitud ejemplar en el barrio como cederista y federada, en esta última  organización fue dirigente de base  por muchos años,  hasta  el 2013  que por enfermedad, entregó la tarea a otra joven educadora del barrio.

Elia también recuerda que cuando se le propuso ser  delegada   del Poder Popular, pensó que para sus 62 años  era una tarea muy compleja, pero el apego a sus principios le hizo aceptar el reto, y cumplió el mandato de sus electores   en la circunscripción 60 del  Consejo Popular Los Olmos, hoy Mariana Grajales.

“Elia fue una magnífica delegada,” dijo Lourdes Bell Rizo, quien como coordinadora de la zona 650 del Consejo Popular Mariana Grajales, compartió con Elia su mandato entre los años 1999 a 2002 aproximadamente y por casualidad, estuvo presente en buena parte de esta entrevista.

“Su preocupación nos sorprendió, era una delegada incansable. Y buscaba tiempo para repasar a los niños. Su casa fue sede del Programa Educa a tu hijo y también fungía como una educadora más. Admiro mucho a Elia porque en la comunidad es un ejemplo”, argumentó.

Elia Risco Constantén conoce muy bien cómo fue la Cuba de antes de 1959, y por ello siempre  comprendió  por qué el miedo de sus padres.

Ella   no pudo ir  al Parque de Céspedes a escuchar a Fidel aquel primer día de enero de 1959, pero sí recuerda que fueron días muy intensos, de mucho fervor revolucionario, de incansable trabajo para que el pueblo saliera adelante y que el triunfo no fuera escamoteado por el propio imperialismo yanqui.

Hoy Elia Risco Constanten siente mucha nostalgia: “Los años y la enfermedad no se pueden detener. Cuando pude traté de hacer de todo para ayudar a mi Revolución. Pero creo que no es suficiente. Mi trinchera de combate está en la comunidad, animando a los niños y a los jóvenes para que estudien, asistan a las actividades de la escuela y del barrio, a que sean cada vez mejores porque son la continuidad. Ese es mi pequeño aporte de hoy, a 60 años de la Revolución triunfante”.

Por Agustina Bell Bell.

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