Emilio Bacardí: santiaguero ilustre, cubano total

Santiago de Cuba, 21 de ene. – La historiadora de la ciudad de Santiago de Cuba, la doctora Olga Portuondo Zúñiga, pese a su notable y reconocido quehacer, ha sorprendido gratamente a la urbe indómita y a su pueblo, al merecer el Premio de la Crítica 2020 por la biografía del célebre patriotaEmilio BacardíMoreau, publicada por la Editorial Oriente.

Minuciosa investigación sobre la vida y obra del apasionado humanista cubano, que ha sido valorada por su propia autora como un regalo sobre un hombre que mucho hizo por la Patria en su condición de protagonista de las dos guerras de independencia, y a quien Santiago de Cuba le debe parte de su historia.

A su devoción y desempeño se debe, por ejemplo, la hermosa tradición del izamiento de la Bandera cubana cada 31 de diciembre en el Parque Céspedes, en el mismo corazón de la añeja ciudad;nacida en 1901 y que todavía se conserva para beneplácito y orgullo de sus fieles moradores.

 Realmente una honrosa excepción representó Emilio Bacardí Moreau respecto a los alcaldes que hubo en Santiago de Cuba antes de enero de 1959, quienes se distinguían por embriagar con vanas promesas al pueblo, característica muy común en el quehacer de los gobernantes de la República de la época.

Designado alcalde municipal de facto de la ciudad legendaria -primer alcalde de la República- por el interventor norteamericano Leonardo Wood, el 25 de noviembre de 1898, se dio a la tarea de reconstruir la urbe semidestruida, y desarrolló una faena que lo sitúa como precursor de un nuevo tipo de administración, puesta al servicio de los intereses del pueblo y no exclusivamente al de una elite.

Nombrado por el Ayuntamiento Hijo Predilecto de la ciudad indómita, sobresale en la personalidad de Emilio Bacardí una cualidad rara entre los hombres de negocios de esa época: su grandeza moral, junto a la honradez y amor hacia sus semejantes.

Ejemplo en la administración de los fondos de la comunidad fue este insigne patriota, nacido el 5 de junio de 1844, en la ciudad de Santiago de Cuba, y definido por sus propias palabras: “Gobernante es ser servidor del pueblo y no el amo” y “La obligación de toda autoridad es el estar al servicio de los que sufren y no los que sufren a la disposición de los que mandan”.

Sobresalió también Bacardí por su labor a favor de la nacionalidad cubana y propició el auge de la cultura, al cooperar con el rescate y adquisición de la casa de José María Heredia, el primer poeta romántico de América; fundar la Banda Municipal y la Academia de Bellas Artes, y crear 32 escuelas para niños y niñas y una para adultos, bibliotecas públicas en los barrios y el museo que hoy lleva su nombre en la Ciudad Héroe de la República de Cuba.

Obra suya fue el arreglo del hospital civil, el alumbrado eléctrico en la vía pública y el pavimento de calles, además de honrar la memoria de los héroes caídos con lápidas y monumentos.

A su proyección patriótica unió su vocación literaria, con una excelente obra en la que destacan las famosas Crónicas a Santiago de Cuba, las cuales resumen en 10 tomos la historia de la legendaria urbe oriental; lo más significativo de esa empresa fue su disposición de levantar con el producto un monumento para perpetuar la memoria del Padre de la Patria, Carlos Manuel de Céspedes.

Tuvo amplia visión en el terreno económico, al interesarse, asimismo, por el fomento de minas y construcción de líneas de ferrocarril como la autorizada en 1893 para la explotación de las Minas de El Cobre y el ferrocarril de Santiago de Cuba.

Su muerte, ocurrida el 28 de agosto de 1922, la sintió profundamente el pueblo cubano y cuando lo supo el prestigioso etnólogo, Don Fernando Ortiz, tuvo una expresión reflejo de la integridad de aquel hombre:“Bacardí fue sapiente sin petulancia, erudito sin arideces…amigo sin reservas, generoso sin ambiciones…paterno sin flaquezas y cubano, siempre cubano”.

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