“En prever está todo el arte de salvar”

Santiago de Cuba, 16 de ene. – En estos días de fiesta y de celebraciones  que vivimos recientemente se hizo mucho más entrañable la tierra sagrada de Santiago de Cuba, testigo y protagonista de tantas epopeyas en el devenir histórico de la nación, entre las que sobresale el primero de enero de 1959, cuando triunfó la Revolución.

La ciudad muestra intacta su ancestral rebeldía y el heroísmo que la colocaron desde antaño en un alto pedestal en la historia de la Patria, porque como dijo el Héroe Nacional José Martí: “Lo que nace del fuego patriótico perdura”.

Pero lo que germina y florece por obra del trabajo creador, que  como orfebres van forjando las manos de hombres y mujeres de estos tiempos, debe preservarse también, de lo contrario estaríamos agraviando tanta gloria.

A casi 61 años de la victoria de enero de 1959 son infinitas las obras que nos ha regalado la Revolución para beneficio de todos, las cuales merecen que se fomente una cultura hacia el cuidado permanente de lo que todos disfrutarán.

El quehacer constructivo que incluyó inversiones nuevas, remodelaciones, remozamientos, ampliaciones, imprime un sello de renovación y modernidad que realzan la legendaria urbe, apreciado por quienes transitan sus calles,  ya sean compatriotas o  foráneos, con el criterio de que vale la pena empeñarse en preservarlo.

Tal vez por su impacto  social, su influencia en  la calidad de vida de los santiagueros y santiagueras,  sobresalen las obras vinculadas a los servicios  y  la gastronomía, de los sectores más beneficiados con la apertura  de cafeterías o restaurantes que invitan a degustar variados y exquisitos platos.

Responsable de tanto bienestar es el movimiento social Santiago arde de patriotismo, donde inversionistas, constructores y trabajadores de numerosas empresas se empeñaron por la calidad,  el buen gusto y el confort, y que ahora los colectivos de cada lugar deben cuidar como casa propia, porque cuidar es una manera de honrar.

El rescate y preservación de valores patrimoniales; obras en hospitales para beneficio de la salud, así como espacios para alimentar la vida espiritual de la ciudad como sus cines, parques infantiles y de estar, resumen ese hervidero constructivo, que debe convertirse en un ejército de guardianes por la conservación. 

Hay que educar a los jóvenes y especialmente a los niños y niñas, con el propósito de enraizar en ellos una cultura  que fomente costumbres y prácticas de protección de la propiedad social.

Un papel preponderante, en el sentido de salvaguardar la pertenencia colectiva,  lo tienen los trabajadores y directivos de cada  unidad o instalación entregada, a quienes corresponde dar el primer ejemplo.

Urge pensar como parte de la realidad cotidiana igual que Martí, porque  “En prever está todo el arte de salvar”. De esa manera  aportaremos en aras de legar a quienes están por venir estas obras que nos enriquecen como seres humanos y como pueblo.

Es una deuda con todo ese regalo de la Revolución a un pueblo noble y agradecido como el de Santiago de Cuba, y la mejor manera de saldarla es cuidándolo como la niña de los ojos,  para el disfrute de hoy y, sobre todo, de mañana.

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