Enrique Bonne, un mítico músico santiaguero

Santiago de Cuba, 6 de nov.- Uno de los hombres grandes de la cultura cubana es Enrique Alberto Bonne Castillo y muchos consideran que su talla de artista ha trascendido aún más porque su obra se ha inspirado en su natal Santiago de Cuba, desde donde la ha hecho universal.

Devenido patrimonio vivo del acervo cultural de la nación como músico y compositor de alto linaje, se ha apegado a las raíces de esta fecunda tierra, cuna del son y de la trova.

Patriarca de la música de la Isla, creador del ritmo pilón, mítico músico, de los más célebres compositores de la música popular, son calificativos que no lo envanecen, sigue siendo el campechano de siempre, a quien nunca le falta una sonrisa y el saludo amistoso para sus coterráneos.

Atesora unas 200 obras musicales, entre danzones, boleros, guarachas, sones, sambas, el ritmo pilón, congas, cha-cha-chá, merengues y montunos, en una carrera artística como compositor que comenzó en la década de los años 50 del pasado siglo.

Pacho Alonso estuvo entre sus más fervientes intérpretes con Yo no quiero piedra en mi camino, pero también Fernando Álvarez, Adolfo Guzmán, Benny Moré, Alfonso Álvarez, Bebo Valdez, José Antonio Méndez, César Portillo de la Luz, la Orquesta Riverside y una élite de estrellas popularizaron sus textos.

A Enrique Bonne, nacido el 15 de junio de 1926,  no le interesa que se le conozca,  ni en ser famoso, únicamente necesita llegar al público y sentirse bien con lo que hace. Solo quiere mantenerse en el conocimiento del pueblo y eso lo logra con  la  autenticidad y amor que  insufla a su obra.

Merecedor del Premio Nacional de Música en 2016, ostenta la Medalla Alejo Carpentier, que otorga el Consejo de Estado, la Distinción por la Cultura Nacional, el Sello Laureado de la Central de Trabajadores de Cuba, el Escudo de la Ciudad de Santiago de Cuba y el Diploma de Hijo Ilustre de la Ciudad de Baracoa.

Los Tambores de Enrique Bonne son una agrupación  de percusión para conciertos que caracteriza  la suroriental urbe,  donde se cultiva un arte tradicional y popular de gran singularidad por la sabiduría  de este Maestro, reconocido en Cuba y fuera de las fronteras nacionales.

Santiago de Cuba necesita  de los Tambores de la ciudad, como suelen decirles, como el aire para la respiración de su gente, tras la suerte de contar con ellos para adueñarse un poquito cada día de esa policromía de sonoridades que la identifican como una de las expresiones más autóctonas de la Isla.

Con sus dotes de director general y fundador, este artista ha logrado incursionar en todos los géneros y sacar sublimes acordes combinando tamboras, cata, tumbadoras, campana, bocúes, chequerés, maracas, batá, güiro y corneta china, al frente de una agrupación de lujo.

Su obra como compositor es amplia, Dame la mano, La tortuga y el conejo, Manigueta, La tragedia del sabor, La jicotea, La cometa,  Linda cubana, Quinto batá, El cangrejo y Negro carabalí burundanga, son algunas de las piezas en las cuales señorea  la conga santiaguera al compás de los cueros, la campana y la corneta china.

El debut de Bonne y sus tambores fue en 1959 y tras más de cinco décadas de fecunda actividad, ha deleitado al público en disímiles escenarios  de Cuba y el extranjero, donde impactan por el sabor y picante que saben extraerle a los tambores estos reconocidos instrumentistas de Santiago de Cuba.

Maestría y calidad artística por medio, Bonne y sus muchachos han tenido el gusto y el honor de acompañar con la cadencia singular de sus tambores a prominentes personalidades  y orquestas, entre las que resaltan Michel Legrand, Rosita Fornés, Luis Carbonell y Frank Fernández.

Como bendecidos por el arte,  con un poder interpretativo y musical que subyuga, los Tambores de Enrique Bonne  definen  al santiaguero, al preservar  las tradiciones culturales de la nación en cada melodía, en sus contagiosos toques y cantos.

Cuando suenan no hay pie que se quede quieto, ahí está la energía revitalizadora de este  sobresaliente músico de Santiago de Cuba, que se honra de contar con hijos como Enrique Bonne, quien rebasa los  90 años, pero no se cansa de hacerle regalos a su ciudad.

Por: Aída Quintero Dip.

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