Escribir por los otros

Santiago de Cuba, 4 de oct. – Confieso que me desagradan las mayúsculas. No comprendo a las personas que ponen una A, una D, una E… y piensan que con ello hacen más importante su oficina, su departamento o su institución y, de paso, se hacen más importantes ellos mismos. Si prohibieran el uso de las mayúsculas tendríamos una cosecha tremenda de comunicadores muertos de muerte natural. Cuando se escriben palabras como Fidel o Revolución van con  mayúsculas, no porque lo digan las normas de redacción sino porque lo dice la vida.

Por las características de mi trabajo conocí  a muchas personalidades, a líderes en una o varias esferas de la vida: la generalidad se mostraron comopersonas  respetuosas y sencillas. Sin embrago, en nuestro contexto hay individuos a quienes se le sube con frecuencia el cargo  a la cabeza. Y, lo  peor, tenemos que  convivir con ellos, que soportarlos. En otros tiempos los denominábamos autosuficientes. Pero, la imaginación popular que no duerme encontró una frase exquisita para caracterizarlos: son gentes  que se creen cosas; reza el acierto.

Aquí, en el barrio, hay gentes con mayúsculas de quienes nadie escribe en los medios ni en favor ni en contra, los hay en la sociedad, en la vida cotidiana: son hermanos que morirán un día, los recordaremos un tiempo, si no le toca a ellos recordarnos a nosotros. Pienso y repienso y me pregunto cómo en una sociedad, en una país , en una ciudad como la nuestra, existen personas que se ufanan por estar encima de los demás, gente que se desviven  porque los celebren y no  hallo otra respuesta que esta: son gente que se creen cosas.

Resulta que usted tiene un problema, sale a la calle y atraviesa por el barrio. Encuentra manos amigas, a veces excesivamente solidarias y lo invitan a compartir un trago, pero usted tiene compromisos de trabajo, cuando no. Saluda, sonríe y continúa. Comprueba que cuando  tiene un problema, siempre hay una mano que se tiende, a veces muchas. Y cuando el que tiene problema es el otro está la suya, abierta, solidaria.

A veces usted se declara en guerra contra el mundo: a pesar de su empeño no logra satisfacer una necesidad o complacerun deseo. En ocasiones se incomoda con los suyos, le molestan ciertas actitudes, como la de quienes ponen la música ya no alta sino altísima o los tercos que no dan su brazo a torcer ante las evidencias de estar equivocados. Unas veces  discute,otras, calla. Siempre que puede se arma de paciencia y dialoga, porque dialogar no es una pose, ni siquiera una táctica, es una necesidad.

De cuando en cuando en el trabajo las cosas no salen bien y no logra escribir adecuadamente  sobre el tema que le asignaron. Pero, no osa culpar a nadie, sabe que usted es el responsable de las palabras quedice y de las que evade. A veces les pide la palabra a los demás. Más, prefiere escuchar; y oye tantas cosas disparatadas y tantas formidables, que decide continuar escribiendo: planifica, organiza y vuelve a escribir. En fin de cuentas está obligado:usted no escribe para los otros sino por los otros, por los que no  pueden o por los que pueden  y no quieren.

Pero, esta noche la innovadora presidenta del Comité de Defensa de La Revolución (CDR) te ha metido en un atolladero. Concluida la fiesta de los niños, corresponde la de los adultos en la cual no faltará la caldosa, un ajiaco que se cocina con el aporte colectivo.Simultáneamente llegan los traguitos de ron. La presidenta leerá el documento enviado por la dirección de los CDR y luego te toca a ti: ella te solicitó escribir media cuartilla  sobre los vecinos. Le dice bajito que te disculpe, pero no has escrito nada. Eso no es problema: háblanos, pero en cubano y brevemente.

Deja una respuesta