Ese artífice y apasionado defensor de la Medicina

Ejemplos abundan para certificar que en cada proeza, cada hecho y cada fruto de la medicina cubana están las manos, la inteligencia, la ingeniosidad y el corazón del Comandante en Jefe Fidel Castro, su principal artífice y apasionado defensor.

A tan noble quehacer Fidel se entregó en cuerpo y alma, desde el propio triunfo de la Revolución, en enero de 1959, con espíritu innovador y previsor en pos de crear una medicina gratuita, preventiva, inclusiva y de calidad como principales fortalezas.

Su perseverancia, interés y tenaz labor podrían sintetizarse en cuatro acontecimientos que surgieron años después y representaron una genuina revolución en el campo de la Salud Pública, no solo para beneficio de sus compatriotas, sino para ponerla al servicio de la humanidad.

Así, tal empeño podría resumirse en la creación de una Escuela Cubana de Medicina con la graduación de profesionales altamente calificados y con el don de su profundo humanismo, quienes la han prestigiada en su tierra y por el mundo; además de la fundación de los consultorios del médico de la familia, una hermosa idea del invicto líder en aras del fortalecimiento de la Atención Primaria de Salud y en interés de cumplir los postulados de la prevención, como esencia del sistema sanitaria en la isla.

Estos sitios han cumplido en estos tiempos de pandemia por la Covid-19 una loable faena, con una legión de médicos y enfermeras encargados de las pesquisas y en la detección de casos en la comunidad para contribuir al enfrentamiento y contención de una enfermedad tan peligrosa, que tiene en las medidas higiénicas sanitarias un elemento vital de prevención.

Como expresión de su gran sentido del valor y la urgencia de la cooperación y la solidaridad en este campo, se inscribe la creación de la Escuela Latinoamericana de Medicina, en 1999, para contribuir a la formación de profesionales de la salud de países hermanos, sobre todo, los de mayor precaridad sanitaria y con necesidad de personal calificado en esa área geográfica.

Representa un hito en esta historia de amor y esperanza por la salud y la vida, la constitución hace más de 15 años del contingente internacional Henry Reeve, especializado en situación de desastres y graves epidemias, para ayudar a naciones necesitadas y que sus gobiernos soliciten ese noble concurso de los hombres y mujeres de batas blancas de la isla caribeña.

Inspirados en su Comandante en Jefe, de proeza en proeza han ido estos valientes hilando una epopeya de altruismo y desinterés por casi todos los continentes y en rincones inhóspitos del planeta donde han extendido su generoso servicio, cumpliendo el legado de Fidel.

De ese ejemplo se nutrieron los miembros de ese contingente que combatieron el Ébola en África, y los que han integrado las brigadas que han socorrido, a riesgo de su propia vida, a personas de numerosas naciones en lucha tenaz ante la pandemia por la Covid-19, enfermedad contagiosa y letal que tiene en vilo a la humanidad y se torna ahora mismo muy peligrosa con nuevas cepas más virulentas y mortales.

En época en que muchas organizaciones y personalidades del mundo abogan porque se le otorgue merecidamente a la «Henry Reeve» el Premio Nobel de la Paz, el pensamiento de Fidel está más bien vigente en estos héroes de la salud y la vida, fieles continuadores del guía de siempre e hijos de una Revolución que coloca al ser humano en el centro de sus prioridades.

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