Estación Central del Servicio Sismológico Nacional

Todos los centros científicos de Santiago de Cuba son de suma importancia para el territorio y la nación, y su quehacer se ve reflejado en cada logro y desarrollo social; en medio de la jornada por el Día de la Ciencia Cubana, que se celebrará el próximo 15 de enero, queremos destacar la labor de sus trabajadores en forma de reconocimiento a su abnegada entrega y consagración.

Y, cómo no se puede hablar de Santiago de Cuba sin terremotos, nuestro primer homenaje es para la Estación Central del Servicio Sismológico Nacional, encargada del monitoreo constante en toda la región del Caribe. Esta entidad, ubicada en la ciudad heroica, y no por gusto sino por la alta sismicidad de la zona oriental de Cuba, cuenta con valerosos hombres y mujeres que no escatiman en madrugadas, doble turnos, días festivos ni feriados. Para ellos el monitoreo continuo de la actividad sísmica de toda la región es primordial para velar por la tranquilidad y alerta temprana ante estos fenómenos naturales.

Allí se monitorea los 365 días del año y las 24 horas del día con una guardia permanente, diariamente se genera un parte dirigido a las entidades correspondientes del país, fundamentalmente a la Defensa Civil y al Centro Nacional de Investigaciones Sismológicas (Cenais), al que pertenece la estación.

Esta información además de registrarse se informa. En caso de sismo perceptible se hace un boletín y se publica en la página web del Cenais, con los posibles daños, el epicentro, la magnitud y lugar de origen.

Cuando la sismicidad es anómala, es decir está muy alta o baja, situación que puede ser un detonador para que ocurra un sismo fuerte también se informa a las instancias precisas y se emiten boletines especiales.

Maribel Leyva Arias con 30 años de experiencia en este mundo de los terremotos es la jefa de la instalación y nos cuenta que: “La estación central se alimenta de una red de 20 estaciones que están distribuidas en todo el país que van desde Pinar del Río hasta Guantánamo; todas tributan a nosotros y no todas son asistidas, es decir con personal, recibimos los datos por vía internet y satélite, se procesa y de ahí se elabora toda la información, la cual es revisada con detenimiento. Normalmente tenemos de 10 a 13 terremotos diarios.

“En estos momentos la falla de oriente está un poco más activa porque históricamente, casi siempre para finales de año y principios de enero la actividad sísmica empieza a aumentar, en realidad las casusas no las conocemos pero sí se comporta de esta madera; por eso la vigilancia es constante, porque los sismos fuertes casi siempre avisan, estos no ocurren así de la nada, vienen acompañados de premonitores que van dando señales y para eso mismo es el monitoreo para saber y mantener la vigilancia y poder alertar”, expresó.

Esta investigadora santiaguera lleva 30 años trabajando en el Cenais, primero como técnica y ahora especialista en sismología, y se siente muy feliz de haber nacido y crecido entre temblores.

“Me gustaría destacar que las personas se alteran un poco cuando hablan de terremotos y es verdad que es algo brusco que uno no espera, pero mi consejo es que siempre piensen que vivimos en una zona sísmica y que siempre van a ocurrir estos eventos naturales, por tanto lo importante es adoptar medidas.

“Yo voy al centro de la ciudad o estoy dentro de un recinto y lo primero que hago es mirar las paredes, columnas, ver cuál es más fuerte y más débil, cuál me puede caer arriba, es algo sicológico y no porque tenga miedo, sino porque uno tiene que saber en el lugar que esté lo que va a hacer en el momento en que ocurra un sismo, tener la percepción del riesgo porque la mayoría de las veces los muertos son más bien por accidentes, por imprudencia porque se desesperan y se tiran y no saben en realidad lo que tienen que hacer. Mi consejo para la población es que no le tengan miedo al sismo, porque este surge pero tiene dos movimientos que los primeros son más suaves que los segundo y a veces da tiempo hasta salir, todo depende en la forma que se haga”, subrayó.

En este colectivo todos se llevan bien, el trabajo es sagrado debido a su importancia para la salvaguarda de la vida y de los recursos materiales de la nación. Allí reina la alegría, el respeto y la dedicación. Cuando se mueve la tierra no hay miedo, sino la profesionalidad de los sismólogos cubanos.

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