Fidel: un pedazo de lo nuestro

Nos acostumbramos a su presencia, a verlo desplazarse entre la multitud que lo aclamaba y pugnaba por saludarlo, a escuchar sus largos discursos. Solía enunciar una idea, sugerirla, arrancar con una frase ilustrativa, transgredirla y  cuando menos lo esperábamos, retomar la idea original. Nadie sabe cómo, pero volvía a lo dicho con una naturalidad espeluznante… Como dice el poeta: nos acostumbramos a saberlo eterno. Era Fidel, para nosotros y para el mundo, para amigos y adversarios.

Estaba hecho de palabras y de sueños. A palabra limpia construyó una revolución singular. Cuando el 25 de noviembre de 2016 guardó silencio, un pueblo entero quedó paralizado. Después vino el homenaje: nos apretamos los cinturones, nos pusimos las manos en el corazón y le rendimos pleitesía. Hay quienes recuerdan al Líder de la Revolución Cubana todos los días, en los avances, en los tropiezos y los retos. Lo extrañamos sobre todoen las dificultades; en los momentos de incertidumbre nos preguntamoscómo habría reaccionado, comohabría definido el próximo paso, porque tenía la visión larga, veía al mundo a través de un potente telescopio.

Fidel Castro nació en Birán, provincia de Holguín el 13 de agosto de 1926. Estudió en Santiago cuando apenas era un adolescente y luego en la Universidad de La Habana donde se forjó como revolucionario y se nutrió del pensamiento más avanzado de su tiempo. Se unió al Partido  Ortodoxo, liderado por Eduardo Chibás. Cuando Fulgencio Batista protagonizó el golpe de Estado, el 10 de marzo de 1952, se convenció de que no había otra alternativa que  derrocar al tirano  y hacerlo mediante  la lucha armada. Era la única opción y se dedicó por entero a organizarla.

Preparó  a jóvenes vinculados con la ortodoxia y lo adiestró para combatir. Incansable, recorrió buena parte de la Isla, cerca de 40 mil kilómetros; en un año y dos meses entrenó a 1 200 hombres, de ese grupo salieron los revolucionarios que atacaron los cuarteles  Moncada y Carlos Manuel de Céspedes el 26 de julio de 1953. Como se conoce la acción no logró su objetivo, pero su jefesabía convertir el revés en victoria, advertirel peligro e imponerse. Continuó el combate hasta el triunfo revolucionario, primero y porladefensa de la revolución,después. También por ello, como afirma  Jaime Porcell (Revista Cuba Internacional, 440) cuando cayó el socialismo en Europa “tomó la decisión de seguir adelante por la senda del socialismo, desafiando pronósticos y lamentos”.

Hoy se diría que era un hombre proactivo. Tenía el don  de prevenir  y la capacidad de persuadir. Entre  quienes lo cuestionaron no faltaron  los que reconocieron su pensamiento y su espíritu innovador con los cuales contribuyó al desarrollo de la Revolución Cubana y de procesos revolucionarios  en otros países latinoamericanos, especialmente en la etapa de  lucha contra el neoliberalismo. Una revolución auténtica planifica e improvisa, máxime si no hay experiencias anteriores de cómo transitar por zonas de riesgo en circunstancias inéditas. Supo elegir loscaminos para defender la Revolución, lo seguimos, planificamos e improvisamos con él, y estamos vivos.

Muchas personas lo recuerdan por sus hazañas militares, por sus  vibrantes decursos, por sus libros; exaltan su personalidad que situó  definitivamente a Cuba  en el mapa político mundial, y tanta gente no se puede equivocar al mismo tiempo. Su trascendencia universal es inevitable y no solo entre los agradecidos, no escasean los adversarios que aunque no compartan sus ideas, las respetan: existen testimonios de enemigos políticos que consultan su pensamiento: en todas partes “hay personas inteligentes”.

Cuando supimos que Fidel Castro, nuestro Comandante en Jefe, había fallecido, tuvimos la sensación de que habíamos perdido una parte de lo que somos, un pedazo de Santiago, no solo porque estudiaraaquí o porque distinguíaa la ciudad donde proclamó el triunfode la Revolución el 1 de enero de 1959. En múltiples ocasiones dejó constancia de su admiración por la ciudad y de agradecimiento hacia los hijos de esta tierra indómita. Santiago fue su referente político, por eso no es casual que sus cenizas se custodienaquí, en el Cementerio Patrimonial Santa Ifigenia, y esa presencia nos compromete, porque atesoramos un pedazo inalienable de lo nuestro.

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