Fidel y la textilera Celia Sánchez en el recuerdo de René

Santiago de Cuba, 31 de jul. – El ingeniero civil santiaguero René Blanco recuerda cada detalle de la interesante conversación que sostuvo hace 36 años con el Comandante en Jefe Fidel Castro, durante una visita que hizo a la textilera Celia Sánchez Manduley para analizar pormenores del funcionamiento  de esa emblemática fábrica.

Resulta que  el 26 de julio de 1983 Santiago de Cuba fue escenario de las celebraciones nacionales por el aniversario 30 de la gesta del Moncada, y un día después el líder de la Revolución inauguró el gigante complejo textil, como lo llamara, donde desde 1981 René era jefe  de la sección de control técnico constructivo de la inversión.

 “Con mucha atención escuché el discurso, rememora,  junto a varios jóvenes y especialistas que laborábamos allí  y hubo un momento muy especial y emotivo en el que todos aplaudimos por largo tiempo, cuando mencionó a Celia y dijo que llevar su nombre era un honor y nos exigía compromiso y seguir su ejemplo”.

Blanco recuerda que tres años después de la puesta en marcha de la textilera, Fidel retornó  con el objetivo de discutir sobre algunos problemas de eficiencia que tenía la industria, y en su condición de inversionista principal de la obra estuvo en una reunión y lo acompañó en todo el recorrido.

“Entre otros asuntos  se interesó por las filtraciones del techo,  una situación que afectada  el proceso productivo, pues era necesario tener bien controlada la humedad y la temperatura del área de producción que incluía dos plantas: la de tejido de algodón y tejido de poliestileno.

“Me llamó la atención la manera de actuar de Fidel, un hombre con tanta responsabilidad, ocupándose personalmente y analizando in sito pormenores de una fábrica de importancia para el país para hacerla eficiente y alcanzar los objetivos por los cuales se había edificado, lo que constituyó una lección para mí con pocas experiencias en esos menesteres.

“Su presencia impactaba, pero si usted dominaba el tema de conversación, como era mi caso porque me sabía al dedillo todos los pormenores de la obra,  entonces el intercambio fluye espontáneo, familiar, como si de toda la vida me hubiera preparado para responder sus inquietudes y reflexionar con sus valoraciones.

“Observé  en Fidel un sentimiento de regocijo porque aquella fábrica llevara el nombre de Celia, la singular guerrillera, figura imprescindible en la Revolución; en ese momento convocó a inspirarse siempre en el ejemplo de la heroína, al asumir la decisiva misión productiva que nos aguardaba”.

Este santiaguero conserva como un tesoro las fotos de aquella memorable jornada, ya que Fidel tuvo la gentileza de mandárselas  a todos los que compartieron con él ese día, “y puedo asegurar   lo que pensaba desde entonces: Fue el momento más importante de mi trayectoria profesional y  laboral, a su lado, qué cubano no estaría orgulloso de compartir con un hombre tan excepcional?”, expresa emocionado.

René Blanco trabajó en la textilera de Santiago de Cuba hasta 1992, luego asumió responsabilidad como especialista en la Empresa de Proyectos y en Oficina del Conservador de la Ciudad, más tarde laboró en Matanzas y fue profesor de la Universidad yumurina, pero lo vivido en la “Celia Sánchez Manduley” está latente en su memoria como como si hubiese ocurrido ayer.

Las vivencias con Fidel lo enaltecen grandemente, pero René no vive solo de la historia, la sigue construyendo cada día con pasión, con fervor; hoy jubilado se mantiene activo de muchas maneras haciendo bien a la sociedad.

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