Forjar mejores patriotas y mejores seres humanos

Santiago de Cuba, 19 de ene.- Como la formación integral de los hijos e hijas es una misión que nunca termina, es imprescindible que los propios padres y madres sean los primeros convencidos de la ardúa empresa que tienen por delante para lograr los resultados deseados.

Aunque no basta con tener  la claridad suficiente de tan importantes menesteres, es necesario también crear valores todos los días desde la cuna con vistas a forjar mejores patriotas y mejores seres humanos en una sociedad como la cubana.

Ojo avizor en esa lucha por hacer prevalecer en nuestra sociedad socialista los valores más auténticos, la que reclama intensificar sin tregua el enfrentamiento constante  y más resuelto a los elementos antisociales, que representan antiprincipios y valores negativos.

Pueden manifestarse como egoísmo desenfrenado, intolerancia fanática, avaricia, mentira, inclinación a hacer daño,  discriminación por motivos de raza, sexo, edad,  o creencias filosóficas;  alcoholismo, falta de honradez,  indisciplina social, soberbia…

También  pueden convertirse en manifestaciones de corrupción y hasta el afán de robar en vez de trabajar;  prácticas y actitudes rechazables que hay que  desterrar de nuestro entorno, por el terrible daño que generan a nivel individual y social.

La palabra de orden entonces es declararle la guerra de todo el pueblo,  igual que en la defensa de la Patria, a las indisciplinas sociales y acciones de delincuencia,  tanto en los colectivos laborales y  estudiantiles como en la comunidad, porque los comisores de delitos son elementos mezquinos  que perjudican  en cualquier parte y en cualquier sociedad.

En una nación como la nuestra es inadmisible la impunidad como la tolerancia en relación con este neurálgico asunto.

El Estado ha hecho mucho esfuerzo por elevar el  nivel cultural, técnico y profesional de los hombres y mujeres, y ha propiciado empleo, con el propósito de que cada cual viva  del sudor de su frente y defienda su trabajo como el principal sustento del hogar y la familia.

Por tanto, se denigra quien quiera vivir del sudor ajeno, y también se mancilla el que ve tranquilamente la comisión de un delito,  se hace el de la vista gorda, lo tolera como un hecho normal, o en el peor de los casos lo apaña, multiplicando el mal. 

Igualmente tenemos  el deber insoslayable de seguir educando al pueblo,  en aras de que mantenga una conducta social adecuada en los lugares públicos, esencialmente en las colas de bodegas, guaguas, correos, banco, policlínicos y mercaditos.

Y es que respetar el derecho ajeno es una cualidad que nos enaltece como seres humanos, y que es preciso aprender desde la cuna, donde nacen los primeros valores.

Sería una manera eficaz del hogar y la familia contribuir con la escuela en la forja de mejores patriotas y mejore seres humanos, un aporte  que la sociedad siempre agradecerá y premiará.

Por: Aída Quintero Dip.

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