Gastronomía y trabajo por cuenta propia

Foto de Casa Dranguet

Santiago de Cuba, 11 de feb.- La actualización del modelo económico social cubano propicia el fortalecimiento del trabajo por cuenta propia. En Santiago de Cuba, en la esfera de los servicios, a la cual se limita  el contenido de este artículo, el desarrollo es notable.

Si al funcionamiento de nuevas instalaciones sumamos los resultados del esfuerzo constructivo de la última década en el área gastronómica, Santiago de Cuba se convierte en una  urbe que ofrece múltiples opciones de sus servicios tanto para sus pobladores como para los visitantes cubanos y extranjeros.

Las nuevas instalaciones proponen una diversidad de servicios desconocida antes y se constituyen en oportunidades para los santiagueros para ejercer su vocación  de servir en una ciudad que, como afirma el reconocido periodista Carlos Sanabia,  deviene por derecho propio capital del cariño y la hospitalidad.

Les propongo un breve recorrido. Advierto que hay que palpase los bolsillos porque aún los precios son poco accesibles a la mayoría. Pero, hay muchos escenarios, hay para escoger: desde paladares como El Palenquito o Las Brisas, pizzerías de calidad como las de Sueño y Vista Alegre, lugares donde se disfruta de espectáculos de primera como  Don Chago; cooperativas como el Zunzún, que conserva los atributos que la convirtieron en unidad insigne de la compañía Palmares, líder en la restauración.

Permítanme narrarle una experiencia. Hace un par de años la agencia Prensa Latina me notificó que la presentación de la revista Cuba Plus, se realizaría en el restaurante Terraza la Caridad. Enfilé hacia Rajayoga. Pregunté en el mercado y me indicaron el lugar, detrás de unos edificios. Terrazas la Caridad. La fachada me desalentó, parecía una casa cualquiera, pero me animé a tocar. Si la agencia escogió este lugar para el lanzamiento,  alguna peculiaridad  debía tener.

 Cuando abrieron la puerta recibí el  impacto. Atravesé por un pasillo largo lleno de flores, llegué a una barra sencilla, atractiva y bien ordenada: las plantas aportaban la decoración. Todo  el ambiente respiraba naturaleza. Era un sitio para quedarse. Carlos Court, el dueño, me contó la historia. La instalación fue víctima de Sandy; de la destrucción  solo salieron ilesas una bandera cubana y la efigie de la Virgen del Cobre. El decidió reconstruir  y aprovechar los estragos del huracán.

Donde el viento arrancó de cuajo un árbol y dejó un cráter enorme, construyó una piscina diminuta. Con la madera que dejó como herencia levantó dos pequeños ranchos y los techo con  tejas muy rojas; cambió la barra de sitio y la reconstruyó con maderas y plantas ornamentales. Lo cambió casi todo, empezando por el nombre. Si este no es un sitio original,  tendré que volver a la escuela para  saber qué significa  esa palabra

¿Y el servicio?: rápido, amable, personalizado. Hay quienes,  quizás por tradición hablan de buen y mal servicio. Para nosotros estos calificativos sobran. Solo debía hablarse de un servicio: el bueno; el otro no tiene derecho a llamarse como tal. Algo similar nos debería ocurrir con el periodismo.  Cuando se hable de periodismo este sustantivo debería incluir el adjetivo bueno, el otro no merece siquiera el nombre de periodismo.

Hay quienes cuestionan la gastronomía no estatal y  la conciben como un modelo de competencia contra la estatal. Me parece que la óptica debe ser otra: reconocer que las nuevas formas de propiedad enriquecen las opciones. Su objeto no es la competencia, al menos en el concepto tradicional del concepto, pero incluso si fuera así, las nuevas posibilidades deberían estimularse y velar porque la competencia sea leal pues, en última instancia el buen servicio enaltece a todos, a quienes lo prestan ya a quienes lo reciben.

Por Osmar Álvarez Clavel

 

Deja una respuesta